Presentación


Reconocemos, junto a Ricoeur, que habría un nexo que une a pensadores aparentemente tan lejanos como Nietzsche, Freud y Marx, el cual consistiría en un común “intento programático y radical de poner al descubierto las mistificaciones presentes en la historia de la filosofía”. En efecto, para la célebre tríada pensar equivale a interpretar desde una paradojal sospecha hacia el propio acto interpretativo; el pensamiento no sólo se configuraría como efecto de tradiciones mistificadoras sino que la propia noción de “verdad” sería también efecto de una estratificación histórica cuya procedencia es retórica, emotiva, e interesada. El sentido “auténtico”, del cual las apariencias y las formaciones secundarias constituirían la metáfora, sería algo oscuro y difuso que debiera también ser sometido a interpretación. Esta opción metodológica por la sospecha sería reformulada más tarde por un heterogéneo conjunto de autores que han sido encasillados (no sin cierta ligera compulsión taxo-topológica) con la etiqueta del “post-estructuralismo”. Autores que –desde su diversidad- han ido alimentando las producciones contemporáneas de la Psicología Social del Río de la Plata. Dicho posicionamiento operativo ha redundado en una permanente urgencia por interpelar los procesos de naturalización a partir de los cuales se constituye el campo de problemas que configura tanto a la tarea del investigador como al ámbito del ejercicio profesional.

El equipo se nutre de una basta experiencia en el campo de los problemas asociados al consumo de drogas. Experiencia que ha abierto visibilidad sobre las diferentes estrategias de semiotización comprometidas en el tema, y buscó contribuir con la comprensión de las mediaciones simbólicas y colectivas en las cuales se apoyan, distinguiendo los puntos de conflictividad que se constituyen a partir del encuentro entre diferentes procedencias significacionales, su contribución a la efectiva constitución de usos problemáticos, y su naturalización como criterio-frontera desde plano de la Otredad. Dicha experiencia ha demostrado que la serie de variables estudiadas trasciende el ámbito específico de las prácticas asociadas al consumo de drogas para viabilizar un mejor acceso a las necesidades de poblaciones que, producto de estrategias biopolíticas de fragilización, han visto aumentada su vulnerabilidad: “no sólo consolidan, en lo cotidiano, el aislamiento y el desanclaje a pertenencias colectivas, sino que producen, en el que merece llamarse modo de producción capitalista de soledades, una repetida pérdida de la experiencia de la propia potencia, tanto individual como colectiva.”. Poblaciones que operan en y desde una multiplicidad de diferencias (culturales, étnicas, de clase, opción sexual, género, grupo etáreo, etc.). Esta dimensión del asunto ha conformado un orden de operatividad académico-profesional que merece ser jerarquizado por sí mismo; la construcción de la identidad, la diagramación de la convivencia y los procesos constitutivos de la conflictividad.

domingo 5 de julio de 2009

Orden, desorden, caos: ¿un nuevo paradigma?* (Rafael Mandressi)

De ciclones y mariposas

Una mariposa aletea en la selva amazónica y pone en marcha sucesos que terminarán produciendo, algunos días después, un ciclón en el Caribe. Acuñada por el meteorólogo norteamericano Edward Lorenz a comienzos de los años sesenta, la imagen -conocida como «efecto mariposa»- se ha convertido en una suerte de viñeta de la llamada teoría del caos. El «efecto mariposa» ilustra uno de los aspectos fundamentales descriptos por esta teoría: pequeñísimas causas capaces de provocar grandes consecuencias o, para llamarlo por su nombre, el fenómeno de «sensibilidad a las condiciones iniciales». Pero Lorenz no parece haber sido el único a quien la inspiración asistió a la hora de expresar sus ideas. Términos como catástrofes, autoorganización,
caos, complejidad, fractales, atractores extraños y otros, que podrían formar parte del arsenal retórico de un telepredicador o encontrarse en los versos de algún poeta más o menos hermético, integran sin embargo el vocabulario de una de las orientaciones más prometedoras de la investigación científica contemporánea. Se trata, para muchos, de un «nuevo paradigma» que la física, la matemática y la biología han dado a luz, y al que últimamente se han acoplado algunas ciencias sociales. A pesar de interpretaciones erróneas y exageradas, de derrapes hacia la mística o la ideología, ese conjunto de teorías de nombre evocador trae consigo un modo genuinamente nuevo de pensar la realidad. Naturalmente, no es posible dar cuenta de manera exhaustiva de las «ciencias del desorden»; lo que sigue es pues un apretado recorrido a través de algunos de sus principales temas.

La ciencia es percibida, tradicionalmente, como una actividad cuyo cometido es descubrir el orden, a menudo oculto, de la naturaleza. En la actualidad, sin embargo, muchos científicos se interesan por el «desorden» bajo
todas sus formas, y la propia idea de elaborar una «ciencia del desorden» gana terreno. Parece haber en ello una paradoja: ¿un desorden que es objeto de una «ciencia»
sigue siendo realmente un desorden? Si se acepta, en efecto, que la ciencia apunta a revelar el orden oculto de las cosas, el desorden no puede ser otra cosa que una impresión provisoria resultante de nuestra incomprensión, una ilusión que los progresos de la labor científica borrarán poco a poco.

De hecho, durante mucho tiempo ése fue el programa de la ciencia, cuya historia aparecía como una progresión inexorable hacia el saber absoluto. Poco importaba que no se hubiera alcanzado aún la meta, la certeza de su existencia iluminaba el conjunto del proceder. Pero desde hace por lo menos tres décadas, esa fe en un conocimiento perfecto ha perdido algo de su robustez. Hoy se acepta, por ejemplo, que la incapacidad para predecir ciertos comportamientos de algunos sistemas físicos no es el mero fruto de la ignorancia o de la insuficiencia de los instrumentos disponibles.

Viejas entidades antes proscriptas o menospreciadas, como el azar, han vuelto por sus fueros. El «desorden» ya no es visto como una anomalía, una arruga en el mantel del universo, sino como una característica para nada excepcional que se encuentra tanto en los movimientos en el sistema solar como en los cambios climáticos, los ritmos cardíacos
o la vida económica.

Orden y desorden

Para calibrar la real magnitud de este cambio de óptica, basta con detenerse un instante en el propio concepto de desorden. Como la misma palabra lo indica, es una noción negativa a la que no se le puede dar un contenido más que refiriéndose, aunque sea implícitamente, a cierta concepción del orden.
El orden, a su vez, es el tema de fondo que todas las mitologías, las religiones y las filosofías han intentado resolver, pero siempre dando por sentado que ese orden existe. Todo desorden, por lo tanto, tiende a aparecer como una imperfección, una causa de inquietud. Dicho de otro modo, para el confort psicológico de los seres humanos, no es indiferente que la Naturaleza sea o no ordenada, encierre o no «desorden» o «caos».

Queda claro que el término «desorden» significa aquí algo más profundo e incluso más dramático que un trivial estado de confusión, una disposición de las cosas más o menos irregular. Se trata nada menos que de un Orden que ha sido desgraciada y gravemente perturbado. El desorden se vuelve entonces escandaloso, se presenta como un estado o un proceso particular que no habría debido existir, y remite a
un Orden ideal, social o natural, que ha sido escarnecido.

Si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la noción de «caos» tiene, en los textos científicos, un sentido técnico muy preciso (los fenómenos «caóticos» son aquellos en los cuales muy pequeñas diferencias en las causas son capaces de provocar grandes diferencias en los efectos), las disquisiciones anteriores sobre el orden y el desorden pueden sonar desproporcionadas, cuando no desubicadas.
De hecho, los peores enemigos de la teoría del caos son las especulaciones sobre el Desorden universal que la misma ha desencadenado, gracias a la elección de un nombre tan cargado de referencias culturales. Es cierto, como no se cansan de advertir los científicos, que debe evitarse atribuir al uso que ellos hacen de la palabra caos, así como a los demás «desórdenes» del mismo tipo, un alcance mágico.

No obstante, es imposible separar los campos de manera absoluta. Durante siglos, recuerda el historiador de las ciencias Pierre Thuillier, el proyecto que ha animado el trabajo científico ha sido platónico, lo cual equivale a
decir que aun bajo su forma más laica, la ciencia ha
estado vinculada a ciertas conjeturas religiosas sobre el
orden universal. Platón fue, en efecto, uno de los grandes fundadores de la «religión cósmica», que consistía en venerar el mundo que nos rodea, caracterizado por la organización y la inteligibilidad, como el reflejo de la
Razón divina. Ese mundo es consecuencia, según Platón,
de la acción del Demiurgo, un ser mítico cuya intervención ha consistido en poner en orden el desorden primordial del universo.

Pero no se trata de cualquier orden: el Demiurgo, dice Platón, es matemático y ha instaurado por doquier el
imperio de las formas y de las proporciones geométricas.
El mundo no sólo está ordenado, sino que está matemáticamente ordenado. El trabajo de los científicos consistirá, entonces, en encontrar las estructuras racionales que han servido como «modelos» al Demiurgo. Así, desde Platón y pasando por Galileo, Kepler, Newton y Einstein,
la ciencia ha valorizado las formas matemáticas que manifestaban mejor las cualidades ideales atribuidas a una Potencia Ordenadora (Dios, la Naturaleza, u otra): pureza, simplicidad, regularidad, armonía, belleza. En otras palabras, cuanto más simple es algo, más bello y más verdadero es.

De este modo, la introducción del «desorden» como objeto de estudio interesante y válido por sí mismo implica un abandono del platonismo, es decir de la creencia en una jerarquía absoluta de las formas matemáticas en cuya cima reinan las formas más simples y armónicas. En la irrupción de las ciencias del desorden anida, en definitiva, un cambio de estética, una mutación de tipo filosófico y cultural, una transformación de la sensibilidad, que va bastante más allá de un mero conjunto de inventos especializados.

El Orden según Newton

Cuando la posteridad elige la caricatura para fijar el recuerdo de ciertos individuos puede ser tremendamente injusta.
Sir Isaac Newton ha sufrido ese proceso, y su mayor mérito parece haber sido observar las manzanas cayendo de los árboles. Flaco favor hace esa imagen a quien contribuyó como nadie a la creación de una verdadera catedral científica, llamada mecánica clásica. A través de esa espléndida construcción intelectual, Occidente dispuso, desde el último tercio del siglo XVII, de la visión de un Universo ordenado y predecible.

De acuerdo a la mecánica newtoniana, el mundo es un gigantesco mecanismo regido por «leyes naturales» eternas
e inmutables. Esas leyes, que se expresan mediante ecuaciones matemáticas (las ecuaciones del movimiento), determinan que en circunstancias idénticas resulten siempre cosas idénticas, y si las circunstancias cambian ligeramente, el resultado cambiará también en forma proporcionalmente pequeña. Esta última propiedad se verifica fácilmente, por ejemplo, al disparar un proyectil: si se apunta una fracción de milímetro más abajo o más arriba, la diferencia en la trayectoria será igualmente minúscula y no impedirá que
el tirador dé en el blanco.

Pero esto no ocurre siempre: en muchos casos, una diferencia pequeña en el punto de partida produce enormes diferencias en los estados posteriores. Dicho de otro modo, una variación ínfima en las condiciones iniciales puede amplificarse dramáticamente a medida que avanza el tiempo. Esta característica, propia de muchos sistemas dinámicos de cualquier naturaleza (físicos, químicos, biológicos, etc.), se llama precisamente sensibilidad a las condiciones iniciales. Se comprende sin dificultad los aprietos en que este hecho pone a la mecánica clásica diseñada por Sir Isaac y otros: el comportamiento futuro de esa clase de sistemas deja de ser predecible, las ecuaciones de Newton ya no son capaces de indicar qué pasará con un sistema semejante en un momento dado. Esos sistemas, sensibles a las condiciones iniciales, presentan lo que se ha llamado un comportamiento caótico.

El Demonio de Laplace

No es necesario ir muy lejos ni pensar en sistemas demasiado complicados para encontrar ejemplos de sensibilidad a las condiciones iniciales. Basta con algo tan sencillo como un cono parado sobre su vértice; por más que se ponga vertical a su eje, terminará cayendo, y el lado sobre el que caiga dependerá de diferencias pequeñísimas que alteran el equilibrio: un ligero soplo de aire, una minúscula mota de polvo. En teoría, es posible predecir de qué lado caerá el cono, pero ello requeriría el conocimiento preciso de todas las fuerzas a las que está sometido en el momento inicial de equilibrio, lo cual es a todas luces imposible puesto que implicaría introducir la totalidad de una inmensa cantidad de parámetros como condiciones iniciales en las ecuaciones del movimiento.

Hay en esto una aparente paradoja: suena contradictorio afirmar, en efecto, que la evolución de un fenómeno es, al mismo tiempo, impredecible y determinista. En todo caso, va en contra de la idea que sostiene que todo lo que esté determinado debe ser predecible, cuya formulación más célebre pertenece a Pierre-Simon de Laplace, matemático, físico y astrónomo francés, que vivió a caballo de los siglos XVIII y XIX.

Laplace trazó en 1814, en su Essai philosophique sur les probabilités, el perfil de una inteligencia sobrehumana «que por un instante conociese todas las fuerzas de que está animada la naturaleza y la situación respectiva de los seres que la componen»; si esta inteligencia, conocida como el Demonio de Laplace, fuese además capaz de someter sus datos al análisis matemático, «abrazaría en la misma fórmula a los movimientos de los más grandes cuerpos del Universo y los del átomo más ligero: nada sería incierto para ella, y el porvenir, como el pasado, estaría presente ante sus ojos».

En ese mismo párrafo, Laplace daba sin nombrarlo una definición sintética del determinismo: debemos considerar, decía, «el estado presente del Universo como el efecto de
su estado anterior, y como causa de su estado futuro». En otras palabras, dado el estado de un sistema en un instante preciso, para cada uno de los momentos anteriores o ulteriores hay un único estado de ese sistema compatible
con el primero. Sin duda esto se aplica al cono parado sobre su punta: la totalidad de su historia podría ser reconstruida
o predicha conociendo todos los datos relativos a un instante cualquiera de esa historia. Pero ese conocimiento es inaccesible, salvo que se sea el Demonio de Laplace, Dios
o algún otro sucedáneo, y es sabido que ni bien ingresa a consideración esta hipótesis se acaba la ciencia.

La expresión «caos determinista» con que se designa
este tipo de comportamientos de un sistema no hace, en definitiva, sino dar cuenta de esa reconciliación entre lo impredecible y lo determinado. No es un asunto menor, sobre todo si se considera que implica reconocer que hay muchos fenómenos en la naturaleza que son, a la vez, transparentes y opacos para el conocimiento humano.
Saber que se ignora no es nuevo ni fundamentalmente inquietante; en cambio, saber que una vez desentrañado un orden sigue existiendo una porción de ignorancia irreductible por siempre jamás y sin que medien en ello propiedades inefables o fuerzas ocultas, tiene un cierto retrogusto trágico.

El tiempo irreversible

«La ciencia moderna se basa en la noción de leyes de la naturaleza. Estamos tan acostumbrados a ella, que ha llegado a ser como una perogrullada, y sin embargo posee implicaciones muy profundas», dice el premio Nobel de química Ilya Prigogine. Una de estas características esenciales, agrega, «es la eliminación del tiempo. Siempre
he pensado que en esta eliminación tuvo una influencia importante el elemento teológico. Para Dios todo está dado. La novedad, la elección o la acción espontánea dependen
de nuestro punto de vista humano. En los ojos de Dios el presente contiene el futuro y el pasado».

Los «ojos de Dios» o los del Demonio de Laplace asumen, para los seres humanos, la forma de leyes físicas que la mecánica clásica virtió como ecuaciones matemáticas.
Una de las curiosidades de estas leyes es que en ellas el tiempo no tiene una dirección definida: tanto da si el tiempo avanza o retrocede, y por lo tanto los procesos resultan perfectamente reversibles.

Obsérvese, en particular, la segunda ley de Newton, donde la fuerza resulta del producto de la masa por la aceleración: F = m x a.
La aceleración es, a su vez, velocidad sobre tiempo (v/t), y la velocidad es distancia sobre tiempo (d/t). La aceleración es, en consecuencia, distancia sobre tiempo al cuadrado (d/t²), y la segunda ley de Newton puede escribirse entonces: F = m x d/t².

La variable tiempo (t) se halla pues elevada al cuadrado, lo que significa que cualquiera sea su signo, positivo o negativo, el resultado no varía. Dicho de otro modo, la trayectoria del movimiento es idéntica en una dirección o la otra. Conocidas las condiciones iniciales de un sistema -su estado en un instante cualquiera-, las ecuaciones del movimiento proporcionan una trayectoria única y permiten reconstruir toda su historia y todo su futuro. Es como si se filmara un péndulo de movimiento perpetuo: no se puede saber en qué sentido se pasa la película.

Pero la intuición o la experiencia personal indican otra cosa: el tiempo no es reversible. Algo aparentemente tan trivial como la mezcla de agua con tinta roja lo muestra claramente; de nada sirve seguir revolviendo la mezcla con la esperanza de que el agua y la tinta vuelvan a separarse espontáneamente. El proceso es irreversible. El tiempo tiene una dirección o, como se dice también, una «flecha».

La «flecha del tiempo» fue introducida en física por el segundo principio de la termodinámica, rama de la física
que estudia las relaciones entre el calor y otras formas de energía. Los dos principios fundamentales de esta ciencia rigen el conjunto de transformaciones físico-químicas que tienen lugar en un sistema. El primer principio afirma la conservación de la energía total del sistema en el curso de dichas transformaciones. Un ejemplo sencillo: el trabajo
que mueve un automóvil más las pérdidas (en forma de calor, por ejemplo) equivalen a la energía química de la combustión de la gasolina liberada en el interior de los cilindros del motor.

El segundo principio, en su versión original, describe la evolución espontánea de un sistema aislado (que no intercambia materia ni energía con el exterior) y establece que en el curso de esa evolución la energía del sistema, si bien permanece constante, se transforma en parte en calor. Éste no puede a su vez transformarse en otra forma de energía, por lo que al cabo de cierto tiempo el sistema llega al equilibrio termodinámico, estado final en el que ninguna transformación de energía es ya posible. Este segundo principio puede ser formulado también a través de una magnitud abstracta, llamada entropía. La entropía, según
el segundo principio, sólo puede crecer en el desarrollo de cualquier transformación de energía, de forma que, transcurrido un tiempo suficientemente largo, alcanza un valor máximo que caracteriza el estado de equilibrio termodinámico.

La entropía y la Venus de Milo

El camino que conduce al equilibrio termodinámico o hacia la entropía máxima es un camino hacia la desorganización o el desorden progresivo. Esto puede ser ilustrado recurriendo a un magnífico ejemplo ideado por el físico español Jorge Wagensberg. Sea, dice Wagensberg, una obra de arte, «una delicada escultura despertada del mármol en la antigua Grecia. Tomémosla prestada para una experiencia: le aplicamos una potente carga de dinamita y accionamos
el detonador a distancia.
Cuando el polvo y los gases se disipan, descubrimos sin sorpresa unos pedruscos apenas reconocibles. Está claro que se trata de la misma materia, pero organizada de otro modo. Se ha desorganizado, diríamos. Sometamos ahora los nobles escombros a idéntica prueba. (Ver aparecer de nuevo la estatua entre las nubecillas de la segunda explosión nos dejaría atónitos.) Ante nosotros (en cambio) unos cascotes aún más pequeños y deformados. La desorganización ha seguido su curso. El proceso es irreversible. Y lo es en una sola dirección, desde el orden hacia el caos, desde la belleza hacia cualquier cosa. Si nos percatamos además de que con ello hemos definido el fluir del tiempo, entonces es hora de espantarse, provisionalmente, en honor del segundo principio de la termodinámica. No sabemos qué es mejor, si no tener tiempo como los mecanicistas o tenerlo en esta dirección».

Puede considerarse también, por ejemplo, un sistema constituido por la superficie del suelo y una piedra situada libremente a cinco metros por encima, se dirá -con razón- que es una configuración muy improbable. Improbable pero no imposible: al lanzar una piedra hacia arriba, existe un punto sobre el suelo en el que la misma va a inmovilizarse antes de volver a caer hacia la tierra. En ese punto, la energía total del sistema es energía potencial; la piedra inicia su caída y a medida que va cayendo, esa energía potencial va transformándose en energía cinética, para terminar en calor cuando se da contra el suelo.

Esa caída de la piedra es un viaje hacia el equilibrio termodinámico, hacia la entropía máxima, pero también hacia un estado cada vez más probable: no hace falta decir que encontrar piedras en el suelo, al costado del camino,
es bastante más común que encontrar una libremente suspendida a tres metros por encima de la cabeza.
De este modo, si se plantea en términos de probabilidades, los procesos espontáneos que llevan a los sistemas aislados hacia el equilibrio termodinámico consisten en una sucesión de estados cada vez más probables. En el Universo, todo
lo que llama la atención es improbable: la vida, la belleza, cualquier estructura organizada, en suma. Desorden y orden corresponden pues, respectivamente, a probabilidad e improbabilidad, o a entropía y su contrario,
neguentropía.

Problemas de la irreversibilidad

Si el segundo principio de la termodinámica rigiera absoluta e implacablemente, las perspectivas de futuro del Universo no serían nada alentadoras. Al igual que la piedra suspendida en el aire, el Universo habría empezado en un nivel de entropía muy bajo, correspondiente a un «orden» inicial, para llegar a la muerte térmica al cabo de un tiempo suficientemente largo. No hay modo de saber si esto es cierto o no hasta que llegue el momento fatal, puesto que se ignora si el Universo es un sistema abierto o aislado. Sí es claro, en cambio, que el segundo principio, al hacer referencia a sistemas aislados
y en equilibrio, no es compatible con la descripción de los sistemas vivos, abiertos por excelencia.

Si se quieren dejar fluir los más bajos instintos, puede hacerse la prueba de aislar un ser vivo, privándolo del intercambio de materia y energía con su entorno. Por ejemplo, encerrar un pajarito en un cubo de cristal perfectamente hermético. Se comprobará que el segundo principio no perdona: el sistema se dirigirá inexorablemente
a su estado de equilibrio termodinámico, es decir a la muerte biológica. Para los seres vivos, dice Jorge Wagensberg, se necesita pues una termodinámica de no equilibrio para sistemas no aislados.

Esa termodinámica tiene en cuenta casos particulares en los que sistemas abiertos pueden alcanzar una situación estable de no equilibrio llamada «estado estacionario». La situación estable es posible porque el sistema, al ser abierto, puede enviar al entorno toda la entropía que en su interior se produce y mantener así su propia entropía constante.
En otras palabras, el sistema establece una suerte de pacto con el entorno, se adapta a él y permanece estable en el estado estacionario, sin avanzar hacia el equilibrio termodinámico. Cualquier perturbación fortuita que tienda
a desplazarlo del estado estacionario es resistida; el sistema, por así decir, es capaz de «absorber» esas perturbaciones azarosas (llamadas «fluctuaciones»). Las mismas no tienen pues oportunidad de progresar, de amplificarse, y por lo tanto no alteran el comportamiento del sistema.

Hasta aquí, la vida del sistema sigue siendo previsible y tranquila. Pero esto es así siempre y cuando el sistema no
se halle demasiado alejado del equilibrio termodinámico.
En caso contrario, las cosas cambian radicalmente. Lejos
del equilibrio se presentan casos de inestabilidad, en los cuales las fluctuaciones sí pueden resultar decisivas.
Lo que ocurre es que el estado estacionario compatible con las condiciones del entorno deja de ser único, situación que se expresa matemáticamente en las ecuaciones que describen la evolución del sistema: las mismas se vuelven no lineales, es decir que tienen más de una solución. Llevado esto a una gráfica (ver figura), aparecen puntos críticos, llamados bifurcaciones, donde la evolución futura del sistema deja de ser única, depende de una perturbación ínfima (antes irrelevante) y es por ende incierta: varias soluciones son posibles, pero sólo una se convertirá en realidad. ¿Cuál de ellas? Eso lo decide el azar, una «chispa de azar», según la bella expresión del biólogo francés
Henri Atlan.

El nombre de «bifurcación» dado a esos puntos críticos expresa bien la situación: se llega a un estado de incertidumbre, donde varias sendas se abren y no es posible saber de antemano cuál de ellas habrá de ser seguida por el sistema. Lo que ocurre en una bifurcación recuerda la situación de sensibilidad a las condiciones iniciales: basta con apartarse una distancia tan débil como se quiera de la bifurcación para ser precipitado en una dinámica que se aleja para siempre de la misma. Es algo así como encontrarse en el ojo de un ciclón: en ese lugar reina la calma, la armonía; pero un mínimo apartamiento significa ser devorado por la turbulencia más feroz.

Se asiste de esta manera a la reconciliación del azar y el determinismo. La descripción de un sistema con bifurcaciones implica, dice Jorge Wagensberg, la coexistencia de ambos: «entre dos bifurcaciones reinan las leyes deterministas, pero en la inmediata vecindad de tales puntos críticos reina el azar. Esta rara colaboración entre azar y determinismo es el nuevo concepto de historia que propone la termodinámica moderna».

Ilya Prigogine ha llamado a este fenómeno «orden por fluctuaciones», noción que se asemeja a la de «criticalidad autoorganizada», propuesta por el físico Per Bak, del Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Nueva York.
La hipótesis de Bak es que los sistemas dinámicos evolucionan de modo natural hacia un estado crítico, y una vez que han llegado a él exhiben una propiedad muy característica: una perturbación pequeña puede desencadenar respuestas de diversa magnitud, desde una respuesta pequeña, que no modifica sustancialmente el estado del sistema, hasta una respuesta extrema, que provoque el colapso total del mismo.

Pero Bak propone una analogía visual que ayuda a comprender mejor esta idea. Se tira un pequeño chorro de arena sobre una bandeja circular. El montón crece firmemente hasta que alcanza el límite y de repente, más arena (un solo grano, por ejemplo) puede desencadenar avalanchas de todo tipo, ya sea una avalancha pequeña, intrascendente, avalanchas de mediana entidad, o una tan grande que lleve al montón de arena a derrumbarse por completo. El montón, cuando no recibe más arena adicional, representa el sistema en el estado crítico, donde una ínfima perturbación fortuita puede arrastrarlo hacia un nuevo e imprevisible estado.

El improbable «programa genético»

El segundo principio de la termodinámica no concuerda, como se dijo, con la descripción de sistemas vivos. Éstos
no muestran una tendencia al desorden, a la desorganización creciente, sino, por el contrario, a la complejidad y a la organización. La flecha del tiempo irreversible parece en ellos invertida: el estado inicial de un sistema tal como lo describe el segundo principio de la termodinámica resulta ser en los seres vivos el estado final. Menudo problema, al que la biología molecular dio respuesta con el descubrimiento de los mecanismos moleculares de la herencia.

La evolución de los sistemas vivos no está regida, como
las apariencias indican, por una causalidad extraña, donde
el estado final comanda el proceso antes aun de su propio advenimiento.

Se trata, dice entre otros el biólogo francés Jacques Monod (uno de los fundadores de la biología molecular y premio Nobel de medicina en 1965), del desarrollo de un programa, al igual que en las máquinas programadas (una computadora, por ejemplo): el funcionamiento de estas máquinas parece orientado hacia la realización de un estado futuro, pero en realidad está determinado causalmente por un programa preestablecido, que determina la sucesión de estados por los que la máquina debe pasar.

De esta manera, para dar cuenta de la inversión aparente de la flecha del tiempo, la biología molecular toma prestada de la cibernética una metáfora que hará fortuna: el programa genético. A pesar de la contundencia con que se ha instalado en la biología moderna, esta metáfora presenta dificultades teóricas serias. La primera es, naturalmente, la del origen del primer programa, ante la ausencia de programador evidente. La segunda, que deriva de la anterior, reside en el carácter paradójico de un programa que debe programarse a sí mismo, es decir que necesita, para ser leído y ejecutado, conocer los productos de su propia ejecución.

Esta paradoja se aprecia claramente si se piensa que un procedimiento de cálculo en computadora necesita dos tipos de ingredientes, pertenecientes a niveles lógicos diferentes: datos y un programa. El programa es una serie de instrucciones que se aplican a los datos, opera sobre ellos, y ocupa por lo tanto respecto de éstos un nivel lógico superior. Si esa diferencia de niveles lógicos no existiera, una misma información podría funcionar simultáneamente como dato y como programa. Al operar sobre los datos, el programa operaría sobre sí mismo, es decir que se programaría a sí mismo.

El problema que esto supone es el que surgiría si se decide transmitir un mensaje a seres de los cuales se ignora todo, hasta su existencia. Por ejemplo, eventuales «extraterrestres». La dificultad es que se necesitaría comunicar no sólo el contenido del mensaje, sino también
el hecho de que se trata de un mensaje, y finalmente las instrucciones para decodificarlo. Comunicar que se comunica no es la tarea más ardua: alcanza con apostar a que el supuesto receptor hará él mismo la suposición de que el objeto físico que le llega es el soporte de un mensaje.
Pero con la transmisión de un programa de decodificación las cosas se complican. Escrita bajo la forma de un mensaje explícito, esa información que quiere ser de un nivel lógico superior sería rebajada al rango de simple dato, como el propio mensaje a decodificar, y ello volvería a generar el problema de comunicar su modo de decodificación, y así al infinito. En síntesis, para comprender el modo de decodificación que permitirá comprender el mensaje, es preciso haber comprendido ya el mensaje, lo cual torna superflua la información sobre el modo de decodificación. Superflua, pero no obstante indispensable.

Ésa es la implicación de la metáfora del código genético. Los operadores que realizan la transcripción y la traducción de los ADN en proteínas enzimáticas son ellos mismos proteínas enzimáticas codificadas en el ADN, de tal suerte que para llevar a cabo la traducción hace falta haberla llevado ya a cabo. Así pues, si se toman al pie de la letra las nociones de programa y de código, no se comprende cómo podrían decodificarse las instrucciones del programa. Y sin embargo funciona. Es preciso pues concluir que la existencia individual del ser vivo, y sólo ella, sabe resolver la paradoja. Esa solución tiene un nombre: autoorganización.

La autoorganización

Henri Atlan, autor de una impresionante obra teórica sobre la autoorganización, sostiene que esta teoría permite comprender, precisamente, «la naturaleza lógica de sistemas donde aquello que oficia de programa se modifica incesantemente, de manera no preestablecida, bajo el efecto de factores aleatorios del entorno», dando lugar a un aumento de la complejidad de ese sistema. No otra cosa dice el principio de «orden por fluctuaciones», según el cual bajo ciertas condiciones la materia es capaz, por la intervención de lo aleatorio, de autoorganizarse para dar nacimiento a formas nuevas.

Las investigaciones sobre la autoorganización se han desarrollado, en los últimos veinticinco años, en el seno del archipiélago científico, en esos pasajes donde se navega entre físico-química, biología y cibernética. La necesidad de dar respuesta a problemas como los planteados por el segundo principio de la termodinámica y por la noción de programa genético apuraron la consolidación de un concepto cuyos insumos principales fueron elaborados, en lo esencial, en Estados Unidos en la segunda posguerra: teoría matemática de la comunicación, teoría general de sistemas, cibernética.

En una formulación lo más sintética posible, el fenómeno
de autoorganización puede describirse como sigue: al verse afectado por perturbaciones aleatorias, un sistema con una estructura o una organización dada, modifica su estructura, se reorganiza. Literalmente, el sistema se organiza a sí mismo, en respuesta a la intervención de un factor azaroso. Una característica fundamental del proceso es que al término del mismo se ha producido un aumento de la complejidad del sistema. En otras palabras, su nueva estructura es más compleja que la inicial. Naturalmente, a falta de una definición de complejidad, todo esto puede no querer decir gran cosa. Afortunadamente, hay definiciones disponibles, entre las cuales una de las más acabadas pertenece, una vez más, a Henri Atlan .

La autoorganización es, en definitiva, un modelo que explica el pasaje de lo local a lo global, cuando ese pasaje implica un aumento de complejidad y produce la emergencia de algo nuevo. En el nivel de organización más global emergen propiedades nuevas en relación con el nivel más elemental. Se trata, por ejemplo, de propiedades biológicas de las células vivas, nuevas respecto de las propiedades químicas de las moléculas, o propiedades psicológicas de la mente humana, nuevas respecto de las propiedades fisiológicas del cerebro.

De la interacción local de los componentes individuales de un sistema emerge algún tipo de propiedad global, algo que no se podría haber previsto a partir de lo que se sabía de las partes componentes. A su vez, la propiedad global, ese comportamiento emergente, vuelve a influir en el comportamiento de los componentes individuales que la produjeron. Orden surgiendo de un sistema dinámico complejo, propiedades globales fluyendo del comportamiento general de los individuos.

El caos como metáfora

La circulación de conceptos de una disciplina a otra tiene uno de sus capítulos más jugosos y densos en los
préstamos entre las ciencias llamadas «duras» y las ciencias humanas o sociales. El tránsito suele ser más frecuente desde las primeras en dirección a las segundas, y en los últimos tiempos uno de los pasajes más intensos involucra precisamente a las teorías, modelos y conceptos surgidos de las «ciencias del desorden».

Ese tipo de circulación no necesariamente es negativo, por cierto, y un repaso de la historia de las ciencias muestra que a menudo ha sido fecundo. El problema aparece cuando el lenguaje de un saber exitoso -o por lo menos prestigioso- posee una irradiación tal que se recurre sin más a él para reinterpretar otras zonas del conocimiento. Ese lenguaje se convierte así, en un momento dado, en el modelo
conceptual por excelencia, y si se le aplica de un modo automático tiende a transformarse en jerga, es decir en un medio de expresión que no sólo no innova, sino que deseca todo lo que toca a su paso. El más perverso de los efectos de este fenómeno es el brote de ideologías blandas y ubicuas que terminan carcomiendo los más variados discursos intelectuales, como ha ocurrido, por ejemplo, con la informática y la comunicación.

En lo que respecta a las teorías del caos y de la complejidad, justo es decir que el impacto a veces seductor de la nomenclatura propia de esas teorías no facilita las cosas. Los
atractores extraños, las «catástrofes» y, por supuesto, el propio «caos», se prestan a un uso abusivo. Las construcciones intelectuales precisas que designan naufragan entonces a menudo, en medio de una literatura cenagosa que supera cuantitativamente en mucho las publicaciones especializadas.

Una ilustración contundente la ofrece la metáfora termodinámica aplicada a lo social. Ervin Laszlo, asesor del Director General de la Unesco, la emplea sin recato en un libro llamado La coherencia de lo real. Véase el siguiente párrafo: «las sociedades humanas son sistemas de tercer estado situadas a niveles de organización muy alejados del equilibrio termodinámico, donde las estructuras no pueden ser mantenidas sino por la reproducción de los componentes y la replicación de la red global de sus interrelaciones. Las sociedades son sistemas autopoiéticos que, mediante ciclos autocatalíticos y transcatalíticos, se preservan en una corriente de energía y un caudal constante de hombres, de recursos y de infraestructuras».

He ahí un genuino ejercicio de lo que el economista y epistemólogo Michel Gutsatz califica de «prigoginismo social». Por más burdo que parezca, el discurso de Laszlo no es sino un caso entre muchos de la irreprimible tentación que embarga a muchos pensadores de lo social cuando creen oír llegar desde la investigación de punta en biología o física teórica los cantos de sirena de un «nuevo paradigma».

No debería extrañar en demasía, en ese contexto, la aparición de una producción intelectual destinada a ocupar
la primera fila de los escaparates de las librerías, sosteniendo que el capitalismo no es sino una forma entrópica de organización socio-económica, o que la teoría del caos ha venido por fin a demostrar científicamente que el neoliberalismo siempre había tenido razón.

Vale la pena recordar que en esta movida de interpretación libre hay lugar hasta para un ejemplo uruguayo: en 1992, Ediciones de la Banda Oriental publicó un opúsculo de Ricardo Lombardo, actual presidente del Directorio de Antel, titulado Unificación o caos, el dilema de la sociedad moderna. La frecuentación de las estanterías dedicadas a las ciencias físicas en una librería de Washington D.C., en la época en que se desempeñaba como Director Ejecutivo Alterno en el FMI, inspiró a Lombardo para expresar una serie de ideas económicas y políticas con ayuda de algunas teorías científicas. El resultado se halla por encima de lo que el personal político uruguayo está, en general, en condiciones de producir, pero lo mismo podría haber sido hecho sin necesidad de las livianas metáforas de la teoría del caos o del campo unificado.

Lecciones epistemológicas

Después de lo dicho puede parecer difícil argumentar en favor de recurrir a las teorías de la complejidad a la hora de pensar lo social. ¿Cómo hacerlo sin dejarse absorber por «biologismos» o «entropismos» de cualquier especie?.
Se trata, a todas luces, de una tarea delicada. Requiere imperativamente, so pena de inutilidad absoluta, un cauteloso examen de las condiciones que aseguren su pertinencia. Lo principal, en ese sentido, es manipular las metáforas con guantes de seda y, sobre todo, detenerse menos en los aspectos técnicos de esas teorías (en particular, su terminología específica, hecha de fractales, atractores, y demás) que en sus aspectos propiamente epistemológicos.

En otras palabras, los frutos que la circulación puede dar en este terreno derivan de poner en correspondencia modos de pensar la realidad; si, como dice el ensayista francés Jean-Pierre Dupuy, «la reflexión sobre la diferenciación natural y sobre la complejización de las formas vivas exige evadirse de las categorías clásicas del conocimiento, ¿no debería ocurrir lo mismo con el pensamiento sobre la diferenciación social y sobre la morfogénesis social y cultural?».

La operación se aplica -y en ello se juega el eventual surgimiento de un nuevo paradigma digno de ese nombre-
a las estrategias del conocimiento, a la adecuación de las herramientas intelectuales no para afirmar rápidamente que el ser humano y la sociedad son «complejos» (noticia que merece un chocolate) sino para dejar ingresar al pensamiento entidades hasta hace poco indeseables como las paradojas, el azar, la crisis del determinismo, los límites de la predecibilidad, y otros viejos conocidos que golpean a la puerta.

* Publicado originalmente en Insomnia, Nº 3

sábado 13 de junio de 2009

PETER SLOTERDIJK: EXTRAÑAMIENTO DEL MUNDO. ABSTINENCIA, DROGAS Y RITUAL.(Adolfo Vásquez Rocca)

“La historia de la cultura es la historia de la abstinencia”
Peter Sloterdijk



1. Critica de la Razón Cínica.

Desde su monumental Crítica de la razón cínica (vi), de 1983, profusamente leída y debatida en Alemania, saludada por Jürgen Habermas como el acontecimiento más importante en la historia de las ideas desde 1945, el alemán Peter Sloterdijk se ha impuesto como uno de los pensadores europeos más fecundos e innovadores, su obra desató una fuerte polémica, alcanzando una influencia y gravitación quizá similar a la que tuvo en la década del veinte La decadencia de Occidente (vii), de Spengler.
Sloterdijk quien enseña filosofía en la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe, Alemania, se encuentra inserto en la tradición de Nietzsche y Heidegger, emparentado a la vez con artistas contemporáneos de la sensibilidad de Wim Wenders y Peter Handke.
La Crítica de la razón cínica puede leerse como una puesta al día de la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. No se trata ya del nihilismo en ascenso, ni la metamorfosis de la razón en un nuevo mito ni, mucho menos, del dominio de la razón instrumental lo que Sloterdijk describe y denuncia, sino el cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. Ese 'nuevo cinismo' que se despliega como una negatividad madura que apenas proporciona un poco de ironía y compasión, pero que finalmente desemboca en la desesperanza. Un cinismo que Sloterdijk define como 'falsa conciencia ilustrada': la de quienes se dan cuenta de que todo se ha desenmascarado y pese a ello no hacen nada, la de quienes se dan cuenta de que la escuela de la sospecha tampoco ha servido de mucho. De allí cierta voluntad iconoclasta, voluntad de ruptura con el pacto cívico ante una comunidad que aparece inauténtica y perturbada, por lo que el verdadero cínico prefiere escapar de la alienación, optando por el camino autárquico (autarkeia) antes que andar embrutecido como el rebaño domesticado, gobernado por las rutinas y convenciones de la gran ciudad.
Sloterdijk realiza una "deconstrucción" radical -en el más genuino sentido del postestructuralismo francés- del concepto de logos tal y como nos lo ha legado la historia de la filosofía occidental, y para hacerlo se sirve del cinismo antiguo: de la risa, la ironía y las interpelaciones.
El escándalo parte de su melancólica declaración del fracaso del humanismo como utopía de la domesticación humana mediante la lectura, ante las nuevas técnicas de agitación y desinhibición de las masas, pero también del supuesto coqueteo con el vocabulario nazi y con las peligrosas fantasías de Nietzsche acerca del superhombre, así como con las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres al modo de un staff de tecnócratas al frente de una empresa de ingeniería genética (viii).
Sloterdijk desarrolla, así, un nuevo tipo de fenomenología y ontogénesis de los espacios humanos, repasando sus aventurados vericuetos por el imaginario de la historia, el arte, la literatura, la música pop, la mitología, la patrística, la medicina magnetopática, la psicología analítica, la mística y la filosofía.

2. - En el mismo barco; de las hordas al turismo a escala mundial.

Sloterdijk nos presenta un fresco histórico universal de formato hegeliano -esto para disgusto de aquellos que se solazaban con el fin de los grandes relatos-. Sloterdijk realiza un mega-relato de la globalización. Sitúa primero la globalización metafísica, la de la cosmogonía griega, después, la de fines del siglo XV, la globalización náutica; cuando el cosmos eran la Tierra, el globo terráqueo y la esfera celeste, hasta que en el siglo XX el globo celeste desaparece y la Tierra se queda sola. La tercera etapa, la actual, sería la globalización electrónica informática, en la que –dice Sloterdijk– los hombres superan las distancias, y el mundo vuelve a hacerse más pequeño, porque si la segunda etapa generó el cosmopolitismo, la tercera globalización produce un provincianismo global.
Como en su breve ensayo En el mismo barco (xi) (1993) donde recorre la historia universal a través de travesías exploratorias por las diversas fantasías sociales (x). Aquí, tomando como imagen directriz la metafórica de la navegación, Sloterdijk esboza una teoría de los estadios históricos del género humano.
En el primero, se indaga en lo arcaico, en la originaria vida de las hordas, aquí nos presenta a las antiguas hordas como una especie de islas flotantes, que avanzan lentamente, de modo espontáneo, por los ríos de la vieja naturaleza. Se separan del medio exterior por la revolucionaria evolución de las técnicas de distanciamiento –sobre todo por la novedosa sincronía de huida y contraataque– y están sujetas desde su interior por un efecto invernadero emocional, que amalgama a los miembros de la horda –a través del ritmo, la música, los rituales, el espíritu de rivalidad, los beneficios de la vigilancia y el lenguaje– en una especie de institución psicosocial total.
En el segundo período, la época mundial de la navegación, se describen poderosas fragatas, con galeras estatales, que parten hacia arriesgados y lejanos destinos. Si antes se ha señalado que los primitivos grupos humanos habían surgido de la vieja naturaleza por una especie de formación de islas, ahora, para proseguir con esta idea, se tendrá que asumir que, en cuanto el fenómeno del dominio se volvió epidémico, los grupos humanos empezaron a explotar a otros grupos como si fueran de una naturaleza distinta. Aquí la “humanidad” se escinde en dos grupos, los que crecen por el esfuerzo y los que se estancan en el sufrimiento. La política clásica busca cohesionar a estos grandes grupos; si cabe decirlo así, los hombres se acercan más entre sí, cuanto más extraños se hacen entre sí. Lo que les une ahora es la íntima extrañeza del amo y el esclavo (xi).
La tercera época, es la del turismo a escala mundial y de mares de ahogados, la política es como un crónico y masivo accidente de coches en una autopista envuelta en la niebla.
Con la humanidad caminando a tientas, la antropología viene a ser la "ciencia de la imprudencia y de la frivolidad del ser humano al edificar formas de vida sobre promesas imposibles”. La marcha del mundo en su conjunto se asemeja mucho más a una fiesta de suicidas a gran escala que a una organización de seres racionales enfrascados en la tarea de conservarse a sí mismos (xii).

3.- Extrañamiento del Mundo; abstinencia, drogas y ritual.
“¡Ay! quién nos contara la historia completa de los narcóticos! Ella es punto menos que la historia de la 'formación', de lo que suele llamarse civilización”.
F. Nietzsche , Die fröhliche Wissenschaft, 86

En Extrañamiento del mundo (xiii), Sloterdijk piensa al hombre como mediocridad insatisfecha, semidepresiva, como una vitalidad atontada que triunfa, como un animal triste que se menosprecia, hundido en la ambigüedad del propio yo. Y hallará en la música el abastecimiento de la necesidad de huida del mundo y en las drogas, un fallido intento para derribar la ontología de la trivialidad.
Las reflexiones sobre la droga arrojan luz sobre rincones ciertamente inéditos de la historia de la civilización y el pensamiento.
El desafío de la cuestión para los investigadores actuales estriba en retrotraerse, con ayuda de la fuerza imaginativa histórica, a una época en que las drogas actuaban, sobre todo, como vehículos de un tráfico fronterizo, metafísico y ritualizado.
El uso ritualmente acotado de drogas forma parte, desde el punto de vista psicológico, de las casi desaparecidas prácticas chamánicas. En éstas se concibe el interior humano en la medida en que está ya delimitado, no tanto como esfera anímica cerrada y autónoma, sino como espacio de manifestación y escenario para lo que ha de llegar, acontecer y consumarse.
Al respecto Sloterdijk esboza la tesis de que la filosofía nació cuando los descendientes de los magos se establecieron en la polis y hubieron de acomodarse a las reglas de la intermediación urbana, o cuando señala que, en el momento en que la extática quedó sometida a la retórica, se desarrolló una magia civil cuyos discípulos comenzaron a dedicarse a oficios en apariencia completamente desembriagados, como políticos, oradores, educadores y juristas.
Ahora bien, es aquí en Extrañamiento del Mundo (xiv)donde Sloterdijk propone leer la Historia de la Cultura como historia de la abstinencia (xv). A partir de lo cual, el filosofar pasa a ser concebido como “una forma procesal de la sobriedad” y el análisis antropológico-cultural del problema de las drogas remite a una especie de fenomenología del espíritu propenso a la adicción (xvi). Sloterdijk, en Extrañamiento del mundo, concibe la adicción (a la que diferencia del consumo de drogas como parte de un ritual de extásis o de embriaguez) como una "dialéctica de huida y búsqueda de un mundo", y cita extensamente el libro de Jünger Acercamientos; Drogas y ebriedad (xvii) o lo que Giddens caracteriza como la “experiencia secuestrada", esto es, un particular intento de suplir la ausencia de experiencias existenciales genuinas, donde encontrar un arraigo para la vida. Quien se hace adicto a los narcóticos es porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección. La droga se impone por defecto, nadie decide ser un adicto -se despierta una mañana enfermo y ya se es adicto-. La droga tiene un carácter sustitutorio. Sustitutorio del culto al dinero y del éxito intramundano. Quien no pueda acceder a esas drogas sustitutorias es, en el decir de Sloterdijk (xviii), arrojado de hecho a las drogas duras. Quien no puede drogarse con grandes cuotas de éxito o dinero simplemente tiene que consolarse con sustitutos químico-farmacológicos, con una felicidad sintética y espectral.
Sloterdijk habla de "la autoexperiencia pánica del acto de presencia", de donde se concluye que 'la ausencia' sería un 'darse cuenta' del mundo interior, sin interferencias, como si esa zona de fantasías, anticipaciones y deseos, interviniera para mitigar la intensidad de la presencia o de la ausencia. De modo tal que casi sería posible pensar en la evolución del hombre occidental como la historia de su alejamiento del mundo externo y del mundo interno como una historia de la fantasía. De modo que gracias a la fantasía y, si se quiere, a la sublimación, es que los mecanismos neuróticos han tenido originariamente una función adaptativa sin la cual hubiese sido imposible el desarrollo tecnológico y científico así como el de las artes.
En la ideología clásica y su crítica, el hombre estaba subyugado por las necesidades, sujeto a ellas y se refugiaba en las ilusiones. Ahora ocurre justo lo contrario, vivimos en el lujo y simulamos las necesidades. Es una comedia de la necesidad.
Pero debemos precavernos, la palabra droga seguirá siendo una designación defectuosa en tanto la entendamos sólo en su identificación químico-farmacéutica y policíaco-cultural. En el orden del mundo antiguo chamánico, las “drogas” poseían un estatus fármaco-teológico –ellas mismas eran elementos, actores y fuerzas del cosmos ordenado en donde los sujetos intentaban integrarse con miras a su supervivencia-. Las ayudas farmacéuticas son especialmente requeridas en tiempos en que los individuos se sienten enfermos y extraños. En ellas buscan asilo los hombres cuando están persuadidos, por sí mismos o como cuerpo social, de que se presenta una interrupción de la armonía global. De manera que las sustancias psicotrópicas no se utilizan para la embriaguez privada sino que actúan como reactivos de ‘lo santo’, como apertura senso-espiritual a lo demoníaco.
Ahora bien, más allá de estas consideraciones antropológico-culturales, no cabe duda que las campañas contra la droga, sean con miras terapéuticas, religiosas, policiales o jurídicas, merecen ser interpretadas como parte de un complejo drama psicohistórico. El sentido de esas campañas no queda claro mientras no se tenga en cuenta que son parte de una lucha espiritual de insondables orígenes, una guerra con frentes confusos, alianzas conspirativas, que puede ser rastreada en la historia de las culturas, desde los albores de la humanidad hasta nuestra complejas sociedades postmodernas, lo que indica que en esta arena el hombre ha jugado siempre su destino, adquiriendo este combate entre la embriaguez y la sobriedad una dimensión épica.

Notas
(i) SLOTERDIJK, Peter, Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 2004
(ii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.
(iii) Ver Artículo relacionado “William Burroughs; Metáfora Viral, compulsión y Literatura conspirativa” en Revista Observaciones Filosóficas http://observaciones.sitesled.com/metaforaviral.html
(iv) http://observaciones.sitesled.com/postgrado.htm
(v) http://www.pucv.cl
(vi) SLOTERDIJK, Peter, Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 2004
(vii) SPENGLER, O., La decadencia de Occidente (1918), Espasa-Calpe, Madrid 1926, 4 vols.
(viii) El hombre goza y sufre, a su vez, su ser animal, mantenimiento algunos aspectos de su fase larvaria, desde donde alarga su morfología fetal.
(ix) SLOTERDIJK, Peter, En el mismo Barco, Editorial Siruela, Madrid, 1994
(x) “Las sociedades son sociedades mientras imaginan con éxito que son sociedades”.
(xi) SLOTERDIJK, Peter, En el mismo Barco, Editorial Siruela, Madrid, 1994, p 55.
(xii) SLOTERDIJK, Peter, Experimentos con uno mismo, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.
(xiii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.
(xiv) Ibid.
(xv) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p. 123
(xvi) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p. 139
(xviii) Acercamientos. Drogas y ebriedad. Obra expone las experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.
(xviii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p.138.

jueves 28 de mayo de 2009

ANALISIS CRITICO DEL DISCURSO (Teun A. Van Dijk)

1. Introducción

Como la mayoría de ustedes sabe, mis primeras investigaciones versaron sobre teoría literaria y análisis de textos literarios: entre 1968 y 1976 realicé algunas investigaciones sobre la noción de gramática del texto; después, con investigadores americanos, hice un trabajo de naturaleza más empírica sobre la comprensión de textos (1974-1983).
En los años 80 inicié una investigación, de carácter más aplicado, sobre problemas complejos, concretamente sobre el problema del racismo en Europa, sobre todo en Holanda: comencé con un estudio sistemático de la estructura del discurso en la prensa, en las conversaciones cotidianas, en los debates parlamentarios, partiendo de textos escritos y de discursos públicos. Realicé al mismo tiempo un estudio, más o menos sistemático, de la noticia en la prensa. De esa época es el libro La noticia como discurso (Barcelona: Paidós, 1988). Mi último libro en el campo del análisis del racismo, titulado Elite, Discourse and Racism, fue publicado en Estados Unidos el año pasado.
Después de haber trabajado durante 10 años en estos temas, me fijé como objetivo generalizar sobre la desigualdad y el poder en general, y la manera como estas realidades se evidencian a través del lenguaje. Realicé algunos trabajos en varios países, entre ellos Francia e Inglaterra. En los últimos trabajos he querido hacer algo mucho más sistemático, más científico. Este tipo de investigación sobre el poder, sobre la ideología, sobre el racismo, sobre la desigualdad, tiene ahora una categoría general, reconocida por nosotros (algunos investigadores europeos y yo) como Análisis Crítico del Discurso. No se trata sólo de un análisis descriptivo y analítico, es también un análisis social y político. Esto significa que como investigadores tenemos una tarea importante con la sociedad: dilucidar, comprender sus problemas, y el A.C.D. (Análisis Crítico del Discurso) se ocupa más de problemas que de teorías particulares. Hoy me referiré a este tipo de análisis.

2. Breve Historia

Los antecedentes y/o afinidades de mis actuales investigaciones se encuentran en muchos autores que, agrupados por líneas, son los siguientes:
La línea neo-marxista, desde Adorno hasta Habermas, de la Escuela de Frankfurt. La línea crítica inglesa del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos, con Stuart Hall a la cabeza. La línea de Basil Bernstein, muy conocido en Hispanoamérica, en cuya obra Language and Control muestra un análisis sistemático del lenguaje en relación con la noción de control. Igualmente la línea sociolingüística de Halliday en Inglaterra, así como los trabajos de análisis del discurso que se realizan en Francia bajo la influencia de Foucault y Pêcheux, y la línea de Gramsci en Italia.
Otra línea importante es la investigación feminista del lenguaje y la comunicación, que se desarrolla actualmente en varios países; ésta es también una línea crítica puesto que habla de las desigualdades entre hombres y mujeres, y en los estudios críticos del discurso que realizamos en la actualidad se señalan igualmente desigualdades, como por ejemplo las producidas por el racismo. Así, en el análisis crítico del discurso encontramos una conjunción combinada de influencias neo-marxistas y de estudios críticos europeos con investigaciones en el campo cultural.

3. ¿Qué es la investigación crítica?

La investigación crítica del discurso parte del concepto de análisis crítico. Un análisis crítico tiene como objetivo fundamental evidenciar, a través del análisis del discurso, problemas sociales y políticos. No es nuestro interés ocuparnos de aplicar un modelo o una teoría o validar un paradigma, nuestro interés es evidenciar los problemas sociales como el poder y la desigualdad a través del discurso. Para mí, no es importante matricularme en una determinada escuela; prefiero investigar problemas sociales, sin preocuparme si se trata de la aplicación de la escuela generativa, estructuralista o post-estructuralista. Considero que es mucho más importante analizar problemas, como el racismo, la desigualdad, el gobierno y la autoridad, las ideologías; problemas que pueden parecer muy pragmáticos pero que son igualmente teóricos.
Ahora bien, el objetivo central del Análisis Crítico del Discurso es saber cómo el discurso contribuye a la reproducción de la desigualdad y la injusticia social determinando quiénes tienen acceso a estructuras discursivas y de comunicación aceptables y legitimadas por la sociedad.
El análisis que realizo no se refiere solamente al poder en general sino sobre todo a la noción de abuso de poder. Con mi trabajo intento elucidar las estrategias de uso, de legitimación y de construcción de la dominación que, en mi concepto, se enmarcan en el abuso de poder; por ello, prefiero hablar de desviaciones de reglas, de normas, de temas tales como los derechos humanos. Temas de estas características implican por supuesto rupturas y desviaciones y, como dije antes, es el campo preferido en mis actuales investigaciones.

4. Criterios para un análisis crítico del discurso

El análisis crítico del discurso trata sobre todo de la dimensión discursiva del abuso del poder, de la injusticia y la desigualdad que resultan de éste. Para ello tengo en cuenta los siguientes pasos:
1. Búsqueda de crítica generalizada de actos repetidos inaceptables, no aislados.
2. Búsqueda de crítica estructural de instituciones y de grupos más que de personas. Cuando en mis trabajos sobre racismo me refiero a personas, las tomo como miembros de grupo, por ejemplo, miembros del grupo blanco. Lo mismo pasa cuando me refiero al parlamento: hago referencia al grupo que detenta el poder político. Es decir, me refiero al abuso de poder cometido por grupos y por instituciones (como, por ejemplo, las fuerzas armadas), no por personas particulares.
3. Focalización en actos y actitudes inaceptables que indiquen un abuso del poder y evidencien la dominación.
4. El Análisis Crítico del Discurso se sitúa en una perspectiva de disentimiento, de contra-poder; es una ideología de resistencia y al mismo tiempo de solidaridad.
En resumen, el campo del análisis crítico se centra en la gente que tiene poder y el abuso que se hace de dicho poder. Puedo decir que en general el análisis que realizo es un análisis desde arriba, pues me interesa más analizar los discursos de la gente que tiene poder, ya que los grupos dominantes son los que tienen acceso a la manipulación y al uso de estructuras discursivas de dominación, de desigualdad y de limitaciones de la libertad.

5. Objetivos

El objetivo fundamental de este tipo de investigación desde el Análisis Crítico del Discurso es contribuir a la resistencia y a la solidaridad.
Lo anterior es interesante porque permite identificar qué tipo de noticias tenemos normalmente en el periódico. Por ejemplo, en Holanda —al igual que en otros países— cuando se hacen estudios sobre abuso de drogas, sobre todo por hombres negros, el artículo casi siempre ocupa un gran espacio en el periódico e incluso muchas veces se encuentra en la primera página. Por el contrario, cuando el artículo trata de un estudio acerca del racismo, no aparece ni siquiera en la prensa y si es el caso, se menciona sólo para deslegitimar la cientificidad del artículo o para catalogarlo como un estudio de poco interés. Ocurre que cuando una persona hace investigación en este campo, siempre recibe ataques fuertes; se dice que sus escritos no son ciertos y que no es un investigador. Los resultados de varios estudios que hice acerca de las reacciones de entes con poder ante una investigación crítica, muestran que esta actitud es general y esto se debe evidentemente a que el objetivo principal del análisis es criticar la reproducción discursiva de la desigualdad.
Es muy difícil hacer este tipo de investigación, porque no hay acceso libre, al menos en Holanda, a instituciones como las fuerzas armadas y la policía. Pero ocurre igual en otros países, en Estados Unidos por ejemplo. Hace 10 años quise hacer, en compañía de una estudiante, grabaciones de conversaciones de la gente blanca sobre las minorías (mexicanos y chicanos) en el barrio San Diego: con los pobres fue fácil establecer contacto; en cambio, para obtener una entrevista con una persona rica, la estudiante tenía que visitar 200 casas. Se puede decir que la dificultad para llegar a las fuentes —con poder económico o político— es un problema general al que se enfrentan los que hacen Análisis Crítico del Discurso.
El objetivo general de mi investigación es elucidar la manera como el discurso contribuye a la reproducción del poder, y sobre todo del abuso del poder, de la dominación. La gente que tiene el poder, desde el presidente, el primer ministro, hasta el profesor, el médico, son personas que hablan, que escriben, que controlan el discurso público. El discurso y la comunicación se convierten entonces en los recursos principales de los grupos dominantes.
A través de un estudio del discurso, se puede lograr comprender los recursos de manipulación y de dominación utilizados por las elites, pues éstas son las que tienen un control específico sobre el discurso público. Es un poder que permite controlar los actos de los demás, define quién puede hablar, sobre qué y cuándo. Considero que el poder de las elites es un poder discursivo, pues a través de la comunicación se produce lo que se denomina una manufacturación del consenso: se trata de un control discursivo de los actos lingüísticos por medio de la persuasión, la manera más moderna y última de ejercer el poder. Los actos son intenciones y controlando las intenciones se controlan a su vez los actos. Existe entonces un control mental a través del discurso. Es muy interesante llegar a la conclusión de que los actos de la gente, en general, son actos discursivos.
El Análisis Crítico del Discurso es una herramienta muy útil que tenemos los investigadores para comprender los mecanismos de poder en la sociedad. Con él se pueden descubrir las estructuras y estrategias de legitimación del poder, los procesos y estructuras allí escondidos. Tenemos, por ejemplo, que el racismo cultural del vulgo es claro, se manifiesta de manera concreta, mientras que el racismo de las elites es encubierto, sutil; es un racismo negado, que es necesario descubrir.

6. La cognición social

Cuando se presentan variaciones sociales de género o de clase, hay tendencia a mostrar una relación directa entre estructuras sociales y estructuras individuales del discurso. En mi opinión no hay una relación directa entre nociones sociales tales como poder, dominación, elites, desigualdad, y el discurso individual. El asunto es mucho más complejo, no se necesita este tipo de relación directa, sino más bien una relación indirecta, que pasa a través de lo que podría ser una fase de transición, una fase de cognición social o interfaz cognitiva mental y social al mismo tiempo, en el sentido de que el conocimiento debe ser compartido por un grupo, por una cultura; pienso que esta fase siempre será necesaria para explicar la influencia del discurso en la reproducción de la desigualdad social.
La forma última de poder consiste en influir en el querer de las personas, y el discurso puede influir en la sociedad a través de las cogniciones sociales de aquéllas. Si se tiene claro este punto se puede llegar a dilucidar cómo se construyen los conocimientos sobre el mundo (scripts), las ideologías de grupos, las actitudes sociales, los prejuicios. Para poder influir en grandes masas o en grupos de personas, éstas y éstos tienen que comprender el discurso (cognición, interpretación individual y social). Los grupos dominantes son los que tienen acceso a la manipulación y uso de estructuras de dominación. La dominación tiene que ver con la relación desigual entre grupos sociales que controlan a otros grupos, con las limitaciones de libertad que se ejercen sobre un grupo.
Los grupos dominantes saben que para controlar los actos de los otros es necesario controlar sus estructuras mentales. Como dije antes, los actos son intenciones y controlar las intenciones implica controlar los actos. Tenemos entonces que el concepto de cognición social involucra procesos intra e interindividuales, intra e intergrupales.
Para que un discurso logre afectar a una masa es necesario que dicha masa conozca la lengua y que, por lo tanto, haya formado ya unos esquemas cognitivos que le permitan inscribir en ellos lo que ve, oye o lee. No hay repercusión si antes no se han construido unos marcos mínimos de conocimiento de lo que se pretende hacer pasar. Debe haber una cognición compartida, una cognición de grupo, unos prejuicios de grupo, unas actitudes de grupo. Así, para comprender la manera como el discurso puede influir en la sociedad es necesario comprender lo relacionado con la ideología de grupos. En Holanda, por ejemplo, quienes ejercen el poder utilizan este concepto de cognición social para promover y mantener la desigualdad étnica; la prensa se encarga a su vez de difundir prejuicios étnicos sobre las minorías porque tiene el acceso específico a la gente por medio de su posibilidad de acceso al discurso público.

7. La noción de poder

La noción de poder involucra ante todo el concepto de control sobre dos instancias: los actos de las personas y la mente de las personas; es decir, hablar de poder es hablar de control. El control remite a la limitación de la libertad de acción de otros.
El control de los actos en general puede hacerse directa o indirectamente. La policía, estamento oficial armado, tiene la posibilidad de forzar los actos de manera directa. Este tipo de control es también un control de limitación de libertad, pero, en general, el poder moderno no es así. El poder moderno es el que se ejerce por medio del control mental: ésta es la manera indirecta de controlar los actos de otros. El poder moderno consiste en influir en los otros por medio de la persuasión para lograr que hagan lo que se quiere. Los grupos que tienen acceso a esas formas de poder y de control social son generalmente grupos que han sido legitimados y tienen a su vez acceso al discurso público. Esto es lo que en Gramsci se conoce como hegemonía.
El discurso es poder y la persuasión es el mayor controlador de actos lingüísticos en la modernidad. Como lingüista, como analista del discurso, observo que el control mental se da, generalmente, a través del discurso: es decir, el control mental es discursivo.
Reconozco, por ejemplo, que el poder de los medios de comunicación es generalmente simbólico y persuasivo, en el sentido de tener la posibilidad de controlar, en mayor o en menor medida, la mente de los lectores; sin embargo, el control no se ejerce directamente sobre sus acciones: el control de las acciones, meta última del poder, se hace de manera indirecta cuando se planea el control de intenciones, de proyectos, de conocimientos a alcanzar, de creencias u opiniones.
Se cree que todo lo referente al poder social y político es sólo asunto de sociólogos y politólogos; sin embargo, dada la caracterización que he hecho, considero que los lingüistas tenemos mucho que aportar. Hay necesidad de hacer un estudio de las representaciones mentales que, sabemos, incluyen lo que he denominado cognición social, lo cual tiene que ver con factores como actitudes e ideologías compartidas por grupos de lectores. Si somos capaces de relacionar más o menos explícitamente tales representaciones, al igual que sus cambios, podemos echar un vistazo al poder de los medios de comunicación.
Desde una perspectiva más crítica, muchos análisis del poder social implican usualmente referencias al abuso de poder, es decir, a las varias formas de ejercicio de poder inaceptables e ilegítimas, dadas en normas y valores, que favorecen específicamente a los grupos con poder. El análisis del poder que realizo tiene su centro de atención en el papel de las elites: ¿cómo habla este grupo que tiene acceso directo al discurso público, a los medios de comunicación?, ¿cómo y cuándo se logra el acceso al discurso público?

8. Discurso y acceso

El poder se ejerce y expresa directamente a través del acceso diferencial a diversos géneros, contenidos y discursos. Y aquí la noción de acceso es muy importante, pues en los grupos dominados el acceso a gran variedad de discursos es limitado.
Pensemos, por ejemplo, a qué tipo de discurso tienen acceso las personas de las capas más bajas de la sociedad; por ejemplo, una persona pobre, un hombre, sin mucha ilustración, que vende frutas en la calle, ¿a qué tipo de discurso tiene acceso? Tiene acceso a la conversación cotidiana de la familia, a la conversación con amigos, a la conversación con sus clientes. Su inserción en los discursos activos y controlados, en donde él puede iniciar el discurso y cerrarlo cuando lo considere pertinente, es pobre. Por supuesto que este hombre tiene acceso también al discurso pasivo, al de la radio y la televisión, tal vez al del periódico, pero en estos casos él no puede interrumpir, o esperar su turno para dar su punto de vista; en suma, no puede participar activamente.
Los profesores o directores de empresas, además de acceder al discurso del vendedor de frutas, tienen acceso a la prensa (en un papel activo), al discurso de la empresa, a los discursos científicos, a los discursos de las conferencias; así, yo, como elite, tengo acceso a muchos textos diferentes, cada uno con sus propios esquemas de formas de acceso o formas preferentes, a gran variedad de discursos públicos a los que otras personas no acceden. Este es otro elemento de diagnóstico para localizar dónde está el poder en la sociedad, quién tiene el poder: a mayor variedad de acceso discursivo mayor poder.
En resumen, las elites tienen acceso activo controlado a muchos elementos del evento de la comunicación: establecen las limitaciones de los tópicos determinando quién debe hablar, sobre qué y en qué momento. Los otros, los grupos dominados tienen acceso activo solamente a conversaciones privadas, acceso pasivo a los medios de comunicación y un acceso parcialmente controlado a los diálogos institucionales.
En conclusión, las instituciones o grupos elites pueden ser exactamente definidos por sus gamas de acceso al discurso público o a otros discursos importantes y eventos comunicativos. En algunos grupos y en algunos países el acceso libre a la selección de la lengua no existe.

9. Estructuras y estrategias discursivas

Al analizar discursivamente un texto, se hace una distinción entre el texto mismo y su contexto. En el contexto tenemos los participantes, el tiempo y el lugar de la situación de producción de discurso. Para ilustrar la diferencia partiré de la actividad que estamos desarrollando: el texto de la conferencia es el discurso que estoy produciendo; el contexto está definido por los participantes, ustedes y yo, la relación entre nosotros, este salón, esta hora, es decir, los varios elementos y factores presentes en el momento de la emisión.

9.1 Control del Contexto

Los sujetos sociales más poderosos pueden controlar el discurso seleccionando el lugar, los participantes, las audiencias, los actos de habla, el tiempo, los temas, el género, los estilos.
Existe un control sobre las estructuras de la interacción que podemos identificar como sigue:
• Selección de turnos, distribución de papeles. Los grupos dominantes pueden determinar quién puede hablar (escribir) de un determinado tema, a quién puede dirigirse, de qué manera y en qué circunstancias. Así, por ejemplo, sólo en determinadas circunstancias el médico va a la casa del enfermo; en general las personas enfermas son las que van donde el médico. Así mismo, un profesor es quien fija el sitio y la hora de un examen a su alumno. Cuando hay una reunión en la empresa, es el director de la misma quien determina quién puede estar presente; puede ser que esté presente una secretaria pero ella generalmente no habla. Aquí toma gran importancia el papel discursivo del hablante, y las categorías fijas tradicionales que se han definido socialmente: quién comienza el discurso, quién lo puede continuar, quién lo puede cerrar.
• Acceso diferencial a los actos de habla. Quien tiene poder determina el género que se utilizará en una situación de habla. Recuerdo el trabajo de una profesora austríaca, amiga mía, quien publicó un artículo muy interesante en el que mostraba cómo se producía el discurso en los tribunales de justicia. En un ejemplo mostraba cómo un hombre de clase media podía hablar hasta siete minutos para narrar su historia; una mujer pobre, en igual situación, sólo podía responder las preguntas del juez: ella no podía escoger en ese momento ni la duración ni el tipo de discurso. Esto muestra que el acceso a los géneros es diferente y que algunos no tienen realmente acceso libre a los discursos. Quien controla el género discursivo ejerce también un control sobre los actos de habla.

9.2 Control del texto

Este control se puede ejercer sobre todos los aspectos del discurso y de la comunicación. Para detectar las formas de control sobre el texto puedo partir de los niveles del discurso escrito o hablado: de las propiedades o categorías que los discursos poseen y que dan paso a las elites para legitimar o convocar y tener control sobre los oyentes/lectores decidiendo quién y cuándo puede participar (selección y distribución de turnos); de la división entre acción, sentido, expresión/formulación y de los criterios para decir que existe una desviación e inaceptabilidad con respecto a las normas y reglas estableciendo un acceso diferencial al discurso; finalmente, del análisis del control sobre las estructuras de la interacción.
Para hacer este análisis podemos empezar con las estructuras de superficie, como por ejemplo:
• El control de la entonación. En la comunicación oral existe un control de la entonación que define quién tiene o no legitimidad y autoridad para alzar la voz A este respecto hay muchísimos aspectos que expresan de manera directa la noción de poder; en la mayoría de estudios de género se puede observar que hay una definición de quién grita a quién. Se puede ejercer abuso de poder gritando; sin embargo, y lo hemos visto en las películas muy a menudo, las personas realmente poderosas, con poder supremo, no necesitan gritar. Este aspecto del discurso oral es muy difícil de analizar.
• El control de las estructuras de tema.Los temas son más fáciles de trabajar de una manera sistemática que la entonación. La pregunta básica que nos guía es: ¿de qué habla la gente, de qué se puede hablar y quién impone las limitaciones? ¿existe alguna limitación de temas en los discursos de hombres y mujeres? En este aspecto hay un control bastante fuerte, es decir, en la mayoría de las situaciones tenemos limitaciones en la libertad de escoger los temas. En la clase, el maestro, la maestra, puede limitar los temas de sus alumnos porque sólo cuando éstos responden a una pregunta específica es una respuesta aceptable. También en las reuniones profesorales, en el periódico, tenemos limitaciones de temas.
En mis trabajos sobre el discurso racista en Holanda detecté que en la conversación cotidiana, en los debates parlamentarios, y, sobre todo, en la prensa, se habla/escribe sobre minorías, sobre inmigrantes, sobre refugiados. Bien, la pregunta es: ¿qué temas, qué asuntos y qué tipo de asunto es preferido en estos contextos? En general, se escribe sobre problemas, sobre crímenes: es decir, todo lo problemático de la sociedad encuentra su origen en dichas minorías. Los políticos, los periodistas, utilizan de manera sistemática el problema de la criminalidad y, claro, convierten a la prensa y al discurso público en el mecanismo central de la reproducción discursiva del poder, pues tienen la posibilidad de decidir qué es importante y cómo se debe valorar.
• Control de la estructura sintáctica. En un análisis sistemático que hice de los titulares de la prensa holandesa, encontré que existe una estructura sintáctica de las oraciones que equivale a una representación diferencial entre grupos. Por ejemplo, en ninguno de los 1500 titulares revisados se encontró una descripción positiva de los inmigrantes o los negros. Nunca, según la prensa, estos grupos hacen algo positivo.
Existe igualmente el fenómeno contrario: ningún o muy pocos titulares negativos sobre los blancos. Se niegan las cosas negativas de las elites. Se niega, por ejemplo, que hay racismo; según los titulares de la prensa holandesa, no existe el racismo en Holanda. Esta situación es compartida por otros países europeos, como se muestra en un análisis sistemático que hice de la prensa inglesa en donde encontré el mismo fenómeno. Este hecho puede definirse como tendencioso, producido por la existencia de una diferencia social y cultural y su sola expresión en el discurso público produce un prejuicio de clase. Para la prensa holandesa no existe el racismo como hecho real. Es una acusación de otras personas, «es una cosa que ellos dicen que nosotros hacemos».
El orden de aparición en la secuencia oracional es diferente cuando se trata de un tema negativo acerca de los negros; este tema ocupa generalmente el lugar del sujeto de la oración. Y existen por supuesto maneras de desfocalizar el tema desplazándolo a otros lugares de la oración, como cuando se trata del papel negativo de la policía en un hecho social. Así, nunca en la prensa holandesa un grupo minoritario ocupa el lugar de sujeto en un tópico positivo.
• El control de las estructuras de tema, de los contenidos, es fundamental para la difusión de los prejuicios. En los textos escolares de ciencias sociales en las escuelas holandesas se encuentra también una tendencia a señalar a las minorías por ser diferentes. En estos discursos, la gente de Camerún, de Turquía, de Marruecos, etc., además de ser evaluada como diferente, es considerada una amenaza. Para referirse a sus desplazamientos se usan siempre metáforas amenazantes, palabras como «invasión»; metáforas de ruido, por ejemplo del agua: «vienen olas» Así mismo, cuando se busca la noción de refugiado en el diccionario los ejemplos siempre son: «oleadas de refugiados». En la situación de Holanda, rodeada de diques, relaciono estas metáforas con la existencia de diques morales, diques socio-políticos.
Si el tema no es importante para los grupos dominados entonces éste pasa a un segundo plano. En general, encuentro una limitación de los temas no solamente en la clase, en la escuela, sino también en la situación con el médico, con el político, etc. Siempre hay limitación. Pero, ¿quién determina esa limitación no sólo del tema, sino de otros factores como estructuras y superestructuras?
• Control de superestructuras. Como ustedes saben, las noticias de prensa tienen un esquema fijo, unas categorías fijas; la categoría más conocida es la de los titulares. No hay noticia sin titular, es una categoría obligatoria de la noticia y se puede controlar. Debajo del titular, en letras pequeñas siempre hay una información que necesariamente es un resumen; esto también se puede controlar. Así mismo, la textualidad total, si se presenta en forma de cuento, como una historia, se puede controlar. Las categorías fijas se pueden resumir con las siguientes preguntas: ¿quién inicia la comunicación? ¿quién la termina? ¿quién tiene acceso a ella? ¿quién tiene control sobre determinada categoría?
En la conversación, de acuerdo con el análisis discursivo, existen estrategias con respecto al cambio de turnos de habla. Aquí encontramos de por sí una situación de control. ¿Quién puede controlar el manejo de una situación, como por ejemplo una reunión formal? Es el presidente de la reunión quien dice «qué opina fulano», «después de ti tal otra persona», etc. Él es quien hace la distribución de turnos, y esto es una manera de ejercer el control. Aquí tenemos, también, una situación de abuso de poder, cuando una persona, en una situación determinada, no quiere dejar el turno. Es posible que sea algo puramente personal, pero también es un aspecto importante del análisis del abuso de poder.
• De manera similar se puede continuar el análisis discursivo con el del control de las estructuras semánticas locales. Ustedes saben que los textos establecen una coherencia entre las proposiciones que lo conforman; esta coherencia semántica se basa en relaciones de niveles de cognición. Me parece que cuando se puede controlar el discurso, también se controla ese tipo de relación de coherencia; puedes usar relaciones causales que para otras personas no valen pero para ti sí, oraciones compuestas con conectores complejos. Se utilizan formas de presuposición negativa acerca de otras culturas, como, por ejemplo, el caso de la situación de la mujer musulmana.
• El nivel léxico es el más controlado dentro del esquema del control lingüístico. Es importante observar la selección de las palabras. En un análisis sobre los hechos recientes de Chiapas, los insurgentes eran llamados terroristas, rebeldes, guerrilleros. Esto significa que la manera de definir a la gente depende mucho de la posición de quien habla o escribe. Tal como lo he venido exponiendo, la selección del léxico en la presentación de otras personas a todo un grupo es una manera de ejercer control sobre la mente del auditorio.
• Nivel de especificidad y grado de completud del texto. La secuencia de eventos se puede hacer a diferentes grados de generalidad, algunos muy detallados y claramente focalizados, otros vagos, difusos. Así, los hechos que son incómodos para el grupo dominante se describen en términos globales, los hechos sociales que no lo son se describen en forma detallada. Se observa igualmente un nivel bajo de especificidad si son los otros los que hacen bien las cosas.
• Control de las formas retóricas. Existe un acceso diferente al uso de las metáforas, las comparaciones, las hipérboles, y esta diferencia tiene que ver con aspectos sociales y culturales. Las hipérboles, por ejemplo, parece que son más utilizadas por grupos con poco poder, por mujeres, por ejemplo. La mitigación y la atenuación son, por el contrario, utilizadas como formas de ocultamiento del poder, como forma de persuasión para lograr el control.
En resumen, cada aspecto del análisis del texto es controlable y esto es extensivo a textos orales, a conversaciones cotidianas. ¿Quién puede iniciar/terminar la conversación? Este factor es importante. Refiriéndome al ejemplo del profesor, él es quien dice ahora, ya, o más tarde, y no es el estudiante quien dice no más, ya me voy.

Muchas gracias.

13 de enero de 1994

martes 19 de mayo de 2009

Relatos buscan responder la(s) pregunta(s) "¿Qué es ...?"

He aquí un puzzle que armamos con levantes varios para seguir intentando comunicar(nos):

Gramatología (De la grammatologie), aunque tiene su origen en artículos sueltos, ofrece la elaboración unitaria de un concepto radicalizado en la escritura, con el que el autor se dirige hacia una «metafísica de la presencia», que se caracteriza por el hecho de conceder la primacía a una voz que permanece interiormente en sí misma en la audición inmediata del propio hablar («logocentrismo»). El fin no es la mera inversión de la subordinación vigente desde Platón de una escritura menospreciada bajo el lenguaje, sino la reducción de ambos a una raíz común que, sin embargo, por sus rasgos está más cerca de la escritura. Lo mismo la escritura que el lenguaje han de pensarse desde la huella instituida (trace institué) como condición de su posible repetición. Sin esa «escritura originaria» (archi-écriture), no puede pensarse ninguna memoria, ni la natural ni la artificial; por lo demás esta distinción está codificada ideológicamente mediante atribuciones de valores como «vivo» y «muerto».
Utilizando recursos fenomenológicos de Husserl, Heidegger y Fink, así como préstamos de Levinas (huella) y Freud (posterioridad), el pensamiento es arrancado en Derrida de la impresión y de la temporalidad y, más allá del horizonte fenomenológico, es llevado a la dimensión de una huella nunca presente y de la différance. Por lo que se refiere al proyecto de Saussure de una semiología general, el autor pone de manifiesto que éste, contra su propia pretensión de entender el lenguaje como un sistema de signos entre otros, en verdad privilegia el lenguaje frente a la escritura; a su actual reinterpretación estructuralista Derrida le mina el terreno de antemano erosionando la distinción conceptual entre significante y significado. Tampoco el proyecto de una «gramatología como ciencia positiva» puede sostenerse ante las implicaciones de un pensamiento de la huella y de la différance despojado de la dimensión de la presencia. Apoyándose en esto continúa la disputa con Lévi-Strauss, en esta ocasión con el etnólogo bajo la función del observador principiante e intérprete.
La última parte de la obra está destinada a Rousseau, cuya patología de una aspiración siempre defraudada a la plenitud describe Derrida, siguiendo una «lógica del supplement», en los siguientes términos: cualquier todo se muestra siempre como un todo meramente supuesto, por cuanto se añade necesariamente un suplemento, una complementación, lo cual se perpetúa hasta que se hace imposible cualquier todo.
(http://noemagico.blogia.com/2006/070201-de-la-gramatologia.php)


Archi-escritura; es el término que emplea Derrida para determinar el ámbito general de los signos. Ahora bien, la noción derridiana de signo no se limita al campo estrictamente lingüístico (algo que nuestro catedrático ha obviado). De ahí que la archi-escritura derridiana abarque todos los signos en general: los que son lingüísticos y los que no lo son. La archi-escritura es la condición de posibilidad de la comunicación, la posibilidad del lenguaje como sistema articulado. Indica el principio de articulación - de naturaleza no fonética sino formal - en el que se basa todo lenguaje y recalca la exterioridad o distancia esencial con respecto a sí mismo que todo lenguaje conlleva y en el que se fundan todos los sistemas posteriores de escritura. Así pues, en el seno de un origen constantemente diferido hay una escritura que funda el habla y la escritura. Habla y escritura, por tanto, suponen una acrhi-escritura como condición de toda forma de lenguaje.
(http://e-ciencia.com/opinion/foros/index.php/topic,17660.msg119171.html)

El signo y la diferencia. Contrariando un punto de vista tradicional, Derrida mantiene que la diferencia y la ausencia son condiciones necesarias para que exista el signo. No puede darse el fenómeno de la significación, en efecto, si la unidad y la presencia no sufren menoscabo alguno. Por un lado, un orden diferencial ha de interponerse entre el significante y el significado Por otro lado, es preciso que el significado se encuentre propiamente ausente. Por lo tanto la condición real es que la presencia del significado resulte mínimamente diferida. A Derrida le parece obvio que significante y significado coincidirían si no sobreviniera una diferencia providencial. De la misma manera constata que de no ocurrir la ausencia -o al menos la “presencia diferida del significado no podría tener lugar significación alguna. En ambos casos dejaría de haber signo porque sin diferencia y sin ausencia sí que habría unidad. Pero si bien el signo jamás puede ser una unidad, en opinión de Derrida tampoco se le puede considerar como una diferencia perfecta de significante y significado. En realidad sucede que ni la diferencia entre ambos, ni la ausencia -o en todo caso la presencia diferida- del significado, se presentan jamás en estado puro. Este fenómeno es explicable porque ni uno ni otro puede ser una realidad única. Siempre han de sobrevenir juntos, y por eso significante y significado persisten a lo largo del tiempo. Su obligada asociación, claro está, repercute materialmente sobre ambos. Puede decirse que la presencia de cada uno marca el otro y viceversa. Así se produce en ambos, por consiguiente, la célebre trace] derridiana. Pero gracias a este marcaje recíproco, en el seno de las prácticas significativas habituales los significantes designan los significados. Es obvio que de no sobrevenir esta mutua entalladura la significación sería de nuevo imposible. De modo que tanto el significante como el significado han de ser impuros a la fuerza, y en consecuencia ni la unidad ni la diferencia del signo jamás podrán ser perfectas. Derrida constata, en suma, que las palabras adquieren sentido a partir de los conceptos y éstos de las palabras, porque tanto palabras como conceptos participan en un complejo entramado histórico de diferencias, ausencias y presencias diferidas que, por otra parte, nunca han llegado a darse en estado puro. La consecuencia más importante de ello es que la palabra plena ni ha existido ni existirá jamás. Es decir, que el anhelo de un signo que sea plenamente descriptivo -o el de un lenguaje que se adecue sin fisuras a la realidad- se revela un sueño imposible.
La escritura que Derrida contrapone a la palabra, no sólo comprende “todos los procedimientos perdurables que instituyen el signo”, sino que también recoge el “juego prescrito” (le jeu reglée) de las diferentes inscripciones. O sea que la escritura en modo alguno debe ser entendida como el resultado banal de la operación de escribir. Designa los procesos que regulan e institucionalizan toda simbolización y que son inevitablemente lábiles e indecidibles. Es decir, que Derrida convierte la escritura en el agente que regula todos los sistemas significantes, desde luego los de índole gráfica pero también los derivados de un desempeño oral. En general, la escritura organiza el juego de referencias significantes que da lugar al lenguaje. Por tanto es el factor decisivo en toda actuación simbólica, con independencia de que su cometido sea expresar, representar o significar. Por esta razón señala Derrida la paradoja eminente de que la escritura incluye el lenguaje. En realidad, esta fórmula se limita a constatar que todo lenguaje es siempre un caso particular de escritura.
(http://www.nietzscheana.com.ar/sobre_derrida.htm)

miércoles 13 de mayo de 2009

Somos Cyborgs: la reinvención del cuerpo (Ana Martínez-Collado)

texto levantado de http://www.polemica.org/modules/smartsection/item.php?itemid=116&keywords=Cyborg


Tecnología y construcción de la subjetividad. La feminización de la representación cyborg

En todo este proceso, el sujeto, como todo lo demás, ha dejado de existir como algo fuera del discurso. Somos códigos genéticos, somos escrituras matriciales en el ordenador, somos firmas potencialmente variables en el e-mail, podemos adoptar roles sociales diferentes, podemos transformar nuestro sexo, nuestro género, nuestra identidad, podemos construir/deconstruir nuestro cuerpo, definitivamente un cuerpo sin órganos, sin determinación. Es la época del ser contingente, interpretable, que se reconoce en la ausencia de destino prefijado (ni por la biología ni por ninguna otra ciencia/servidumbre). Es la época del Cyborg, de la identidad como puro artificio. Y, consecuentente, el reto de la representación de una subjetividad no esencialista es tal vez la cuestión más inevitable de nuestra época.
Todo ello está prefigurado por las nuevas circunstancias: la expansión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación hacen real el mundo virtual de la red. La World Wide Wed es inevitablemente el nuevo espacio epistemológico y existencial del ser, y ese espacio nos revela meros códigos lingüísticos, puros cyborgs -fusión de máquina y naturaleza, de deseo y lenguaje. «A finales del siglo XX -nuestra era, un tiempo mítico- todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en una palabra, somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política» 3 , escribía Haraway.
El cyborg -en tanto que metáfora y modelo del nuevo sujeto inesencial- se presenta también como el último gran mito moderno: él recoge, en efecto, todos los sueños de construcción de una subjetividad liberada de carga edípica, de frustración cotidiana, la ilusión emancipatoria de un sujeto pleno, feliz y autorrealizado. Pero sabemos que ese es un sueño falaz, equívoco e interesado, y se trata precisamente de trabajar para desmantelarlo.

La construcción del cyborg: cuerpo y género

«El cyborg es una criatura en un mundo postgenérico»
Donna J. Haraway (1988), Manifiesto para cyborgs4


Pues aquí no estamos ante una desaparición del cuerpo. En la era de las tecnologías del cuerpo, en efecto, el cuerpo se resiste más que nunca a desaparecer. Todo lo contrario, los avances en biotecnología, ingeniería genética, técnicas de transformación del cuerpo, hacen posible la creación / reconstrucción de «más cuerpo»: cuerpos soñados, fabulados, imaginados, prometidos. «Más bellos, más sanos, más felices», en definitiva: más cuerpo. La multiplicación de las tecnologías del cuerpo te incitan: no tanto «conoce tu cuerpo» como inventa tu cuerpo. No tanto «el cuerpo verdadero», sino «más cuerpo».
Pero, ¿cuál es el género de ese más cuerpo, de ese cuerpo intervenido? ¿Cuál es la relación entre las partes del cuerpo producidas / reconstruidas y la identidad de género? ¿Cuando el cuerpo humano es fracturado en órganos, fluidos y códigos genéticos, qué sucede con la identidad de género?
En la mayoría de los casos la tendencia primaria es la reproducción de la tradicional lógica binaria de la identidad y el género, pero esto supondría limitar los potenciales de las nuevas tecnologías -cuyo potencial es justamente subvertir esa paridad. Sandy Stone, en uno de sus primeros ensayos 5, proporcionaba argumentos claves para el debate contemporáneo sobre la situación del cuerpo en las comunidades virtuales. Bajo su punto de vista, la introducción del cuerpo en el espacio virtual generaba significados imprevistos a través de la articulación de diferencias entre cuerpos y no-cuerpos, espacios y no-espacios. Y en este sentido, insistía en que las nuevas tecnologías no son agentes transparentes que eliminen el problema de la diferencia sexual, sino medios que promueven la producción y organización de cuerpos sexuados en el espacio.
Ese espacio virtual, por tanto, se representa como una prótesis, como una enorme prolongación de nuestros cuerpos. Siguiendo los análisis de Foucault sobre la construcción del cuerpo desarrollados en su “La historia de la sexualidad” entendemos bien que el cuerpo ha sido siempre conceptualizado y articulado según los diferentes discursos culturales. Si bien se define como «cosa de la naturaleza» es siempre transformado en un «signo de cultura». Inevitablemente, a este cuerpo intervenido le serán imputados ciertos códigos del género y la identidad. Seguramente, es en ello donde residen los mayores peligros, toda vez que la tendencia será a reproducir los heredados, los que se asientan en nuestra memoria histórica. Pero, tal vez...

Feminización de la red. Cyberfeminismo

«Dentro y fuera de las cavidades de los telares automatizados, de un punto a otro por las épocas del hilar y del tejer, hacia atrás y hacia delante en la fabricación de telas, lanzaderas y telares, algodón y seda, lienzo y papel, pinceles y plumas, máquinas de escribir con sus carros, cables telefónicos, fibras sintéticas, filamentos eléctricos, hebras de silicio, cables de fibra óptiica, pantallas pixeladas, líneas de telecomunicaciones, la World Wide Wed, la Red y las matrices por venir»Sadie Plant (1997), Ceros + Unos. Mujeres digitales + la nueva tecnocultura 6
Empecemos por preguntarnos: ¿cuál ha sido y es la intervención de las mujeres en el territorio de la red? ¿es el cyborg una creación realmente transgenérica? ¿es la red todavía un espacio configurado a la medida de los intereses de dominación masculina o existe un activismo feminista consciente y capaz de establecer su territorio autónomo (su TAZ) en este nuevo espacio? ¿tiene género la www, o es ella la disolución de todos los géneros? Seguramente no es ni una cosa ni otra, sino su implosión, un virus activo de creaciones polivalentes, multifacéticas, en un campo de pruebas privilegiado que diseña inevitablemente nuestro futuro.
Lo primero que parece obligado decir es que el de la red resulta un territorio abiertamente "seductor" para la intervención de las mujeres. «A través del trabajo de numerosas mujeres activistas en la red -escriben Faith Wilding y el Critical Art Ensemble- hay ahora una presencia cyberfeminista que es fresca, desvergonzada, ingeniosa, e iconoclasta frente a muchos de los principios del feminismo clásico. Al mismo tiempo, es evidente que el cyberfeminismo sólo ha dado sus primeros pasos» 7. Coincidiendo con el desarrollo de un feminismo expandido -característico de los años 90: mucho más plural y con un carácter mucho más abierto que ciertos anteriores feminismos dogmáticos-, el cyberferminismo también ha adoptado esa misma actitud libre, diversa y sin prejuicios. Y se ha lanzado a la colonización de un nuevo territorio procurando dejar atrás las historias anacrónicas y el continuo temor a «la violación virtual (es decir, del feminista estado de seguridad)» 8
De entrada, el clima es de optimismo, el de un partir de cero. Desde luego no hay nada mejor que un nuevo territorio para descubrir, para soltarse las cadenas. Pero como en cualquier vieja historia de expansión y colonización los protagonistas somos nosotr@s. Nosotr@s con nuestras herencias, con nuestro pasado y con todos los perjuicios acumulados. Y los estereotipos y los roles se transmiten en silencio a lo largo de la historia. No habrá pues de extrañarnos verlos reaparecer, máxime en un territorio que, no podemos olvidarlo, debe su origen a la necesidad de mantener la comunicación militar en una situación de emergencia mundial.
En la época de los simulacros, acaso solo el simulacro sea más real que la realidad: y ése es el territorio en que crece la red, tan irreal al menos como la misma realidad. En la red todos, por igual, carecemos de identidad fijada, esencializada. En los comienzos de un siglo 21 aparentemente construido bajo la protección engañosa de un falso estado del bienestar sostenido, nuestro reto parece hoy el de cómo abordar la construcción de ese sujeto post-humano, inesencial, desde una perspectiva feminista, desde la perspectiva propia de la mujer.

Feminización y máquina: la fuerza infiltrada de lo subversivo.

«El clítoris es una línea directa a la matriz»
VNS Matrix (1991), Manifiesto de la Zorra Mutante.

«Y cuando ordenador era un término que se aplicaba a trabajadores de carne y hueso, los cuerpos que los componían eran mujeres. Hardware, software, wetware... antes de sus comienzos y más allá de sus límites, las mujeres han sido las simuladoras, ensambladoras y programadoras de las máquinas digitales»
Sadie Plant (1997), Ceros + Unos. 9

«Chúpame el código»
VNS Matrix (1991), Manifiesto de la Zorra Mutante

Alianza de mujer y máquina: «Soy una cadena binaria -escriben todavía las VNS Matrix-. Soy puro artificio. Lee mi memoria RAM. Cárgame en tu imaginación pornográfica. EscríbemeÖ La red es la niña salvaje, zorra/mutante, partogenética, del Gran Papá Mainframe.» El espacio cybernético es expresado como una criatura de perfil femenino -la Matriz (la Matrix) es el lugar origen, el lugar de creación de la máquina- un territorio femenino. Pero relativo a una «feminidad» definida ella misma en términos de «niña salvaje», como fuerza subversiva. Como criatura salvaje que se multiplica y diversifica por todo el sistema, invadiéndolo todo. Su rebelión será inesperada -«somos el accidente maligno que cayó en tu sistema mientras dormías. Y cuando despiertes, terminaremos con tus falsas ilusiones digitales, secuestrando tu impecable software».
Pero, ¿dónde está la subversión? ¿Cuáles son esos elementos femeninos infiltrados en el sistema de la comunicación mundial? ¿Acaso detrás de los velos de la historia, en la «real existencia histórica de miles de mujeres» que son el éjercito de la infraestructura que permite el funcionamiento de la sociedad moderna -esas mujeres que, incesantemente, atienden la intendencia de la sociedad? ¿Dónde se esconden realmente los elementos femeninos que contribuirán a hacer igualitarias esas estructuras de poder que han favorecido desde siempre discriminatoriamente a los hombres? ¿En la feminización, en el sexo, en los velos, en el tejido, en la capacidad para mantener la infraestructura? ¿En la matriz?
Sadie Plant apuesta por la matriz. A partir de la historia de Ada Lovelace, la primera programadora de ordenadores del mundo, reivindica esa construcción alternativa que se halla en la misma estructura de la máquina, en el mismo procesador del sistema. Ada Lovelace inventó el sistema binario de funcionamiento de los telares automatizados, el primer ejemplo de lo que más tarde se conocería como programación de computadoras. Los unos y ceros del código máquina parecen constituir los símbolos perfectos de la constitución ortodoxa de la realidad occidental -bien y mal, verdadero y falso, activo y pasivo, hombre y mujer. Pero uno más cero suman uno. El hombre lo es todo y la mujer no existe. Ella es «no todo», «no totalidad». No existe la categoría mujer. Ella es espacio vacío, hueco, negación.
Frente a ese esquema, la matriz digital supone el lugar de su subversión. En ella se anulan las diferencias de los géneros constituidos. No existe oposición, porque no existen contrarios. La diferencia entre el Uno y el Cero ya no define pares enfrentados, sino la posibilidad de crear una red infinita de posibilidades, de diferencias multiplicadas. Se habla entonces de una feminización que no es, en modo alguno, constitución de lo femenino. Sino feminización como metáfora de la desjerarquización.
Fin del uno. Tod@s somos «otros», tod@s habitamos entonces ese «sexo que no es uno» 10 . A partir de ello, Sadie Plant desarrolla la idea central de su pensamiento: «La cibernética es feminización. La tecnología puede aportar al feminismo algo que nunca tuvo a su disposición, la oportunidad de borrar lo masculino de principio a fin» 11 . La metáfora de la matriz es esencial, en tanto que convierte a la mujer en una fuerza simbólica definitiva. El código binario de la máquina reemplaza a los generadores habituales de valor (el falo, la ley, el padre: los «unos»). Bajo esa perspectiva, las transformaciones tecnológicas y los nuevos paradigmas científicos y cibernéticos desafían la supuesta superioridad masculina. Y hacen coincidir su sistema de funcionamiento con la trama de finas hebras y procesos que han ido tejiendo las mujeres. Sadie Plant apuesta por la alianza entre mujeres, máquinas y la nueva tecnología, como lo verdaderamente revolucionario. En este contexto, la red aparece como la representación más eficaz y brillante de lo que podría llegar a ser nuestro futuro: «De todos los medios de comunicación y máquinas que han aparecido a finales del siglo XX, la red se ha considerado como el compendio de la nueva distribución no lineal del mundo. Sin límites en cuanto al número de nombres que se pueden utilizar; un individuo puede convertirse en una explosión demográfica en la red: muchos sexos, muchas especies. Sobre el papel no existen límites a los juegos que se pueden jugar en el ciberespacio» 12.

La política cyborg de la escritura digital ¿Un paso más en la escritura de la differance?

Ain’t I a Woman?
Sojourner Truth (1881-1886) 13

«El sujeto nómada que propongo es una figura que enfatiza la necesidad de actuar a la vez al nivel de la identidad, de la subjetividad, y de las diferencias entre las mujeres. Son exigencias diferentes que corresponden a prácticas diferentes. La multiplicidad aparece en una secuencia desplegada en múltiples capas, en las que las discontinuidades e incluso las contradicciones pueden encontrar su lugar»
Rosi Braidotti, Nomadic Subjects. Embodiment and Sexual Difference in Contemporary Feminist Theory 14

Feminización como metáfora y efectuación del procedimiento deconstructivo. Subversión del sistema que no concluye con la inversión de las jerarquías, sino que persigue la destrucción interna de todos los sistemas jerárquicos -diseminándolos en un tejido expandido de redes, de diferencias, de multiplicidades. «La deconstrucción no puede limitarse o pasar inmediatamente a una neutralización: debe, por un gesto doble, una ciencia doble, una escritura doble, practicar una inversión de la oposición clásica y un desplazamiento general del sistema. Sólo con esa condición se dará a la deconstrucción los medios para intervenir en el campo de las oposiciones que critica y que es también un campo de las fuerzas no-discursivas» 15
El hipertexto como archiescritura. «El hipertexto hace posible que «un único hilo conductor, o unos pocosÖ» se aúnen en un «tejido de interrelaciones» en el que «la fuerza de una conexión se deriva de la superposición parcial de muchas hebras de conexión distintas entre los temas y no de un filamento único, que recorre una multitud de temas» 16 La archiescritura es el espacio testigo del diferir de la diferencia, irreductible a cualquier lógica dual. Y su mejor metonimia es indudablemente el link: en él la archiescritura se evidencia no una escritura primordial sino el signo mismo de la pluralidad de todas las escrituras, la implosión misma del lenguaje. La archiescritura es la diseminación de la comunicación: el hipertexto es su idioma y el link su verbo mismo.
Feminización de la red así por un ejercicio deliberado de archiescritura. Para el feminismo, se trataría de transformar «la política del cuerpo de la escritura femenina» para acercarla a una «política cyborg de la escritura digital», siguiendo la sugerencia de Theresa Sentf 17 . La política cyborg de la escritura digital se piensa a sí misma en el espacio de lo virtual como ejercicio de todas las combinaciones posibles de la subjetividad. No estamos hablando, por tanto, de importar o recuperar en modo alguno los supuestos atributos tradicionales de lo femenino. Sino del ejercicio -desde la libertad de prejuicios- del deseo, en un lugar que se define como urdimbre infinita de relaciones en ausencia de jerarquías, un lugar cuya estructura excusa, en principio, la presencia de cualquier determinación falocéntrica.

¿Es el cyborg femenino?

Robyn: ¿Julia, eres una mujer?
Julia: Soy femenina.
Robyn: dime Julia, ¿eres humana?
Julia: No cuando tengo la regla
Blade Runner (1984)

El cyborg no es, y La mujer está tachada. El cyborg es sin duda una de las figuraciones más brillantes de la identidad posthumana -en tanto que híbrido de ser humano y aparato electrónico o mecánico, organismo embebido en un sistema de información cibernética.
Organismos cybernéticos, androides, replicantes, humanos biónicos, hombre/máquinas e híbridos, los cyborgs representan una infamiliar «otredad» frente a la estabilidad de la identidad humana. Al cuerpo del cyborg se le considera transgresivo con el orden de la cultura dominante, y no tanto por ser una naturaleza construida, sino por su diseño híbrido. Están abiertos a todas las posibilidades del ser. No son seres que procedan de la transmisión especifica de un código heredado, sino el resultado de una ingeniería, del laboratorio, de una aplicación del conocimiento al deseo o la voluntad. Por esta razón, el cyborg nos proporciona también un contexto privilegiado para estudiar la identidad de género como resultado de una producción simultánea de materia (cuerpo) y ficción (cultura).
Al igual que el cyborg, La mujer es tambien ensamblaje, mascarada, ficción, construcción artificial. Anne Balsamo, siguiendo el mapa de Haraway en que superpone la identidad de la mujer sobre la imagen del cyborg, escribe: «ambos son simultáneamente -simbólicamente y biológicamente- producidos y reproducidos a través de interacciones sociales. El «self» es un producto interaccional; el cuerpo es otro» 18
El cyborg no existe y la mujer no es. En la era de las tecnologías del cuerpo, la oposición entre naturaleza y cultura desaparece. El cuerpo femenino -todo cuerpo- es una construcción artificial entre varios sistemas de significado. El lugar de la experiencia utópica para vivir provisoriamente identidades parciales, contingentes. Y para explorar, reventando desde dentro, todos los sistemas parciales de cualesquiera identidades.
Pero todo ello no puede hacernos olvidar la pregunta -y experimentar un escalofrío al recordarla- por la mujer «real» y concreta, nuestra experiencia determinada por la historia y por las relaciones concretas de poder y dominación. ¿Cuál es esa mujer «real»? ¿Acaso aquella construcción artificial que aparece y viene a ser cuando su universal imposible, aquél tachado de La mujer, toma conciencia de su no existir, de su darse como pura otredad, mera negatividadÖ?

La promesa de los monstruos en el siglo XXI. Hacia lo transgenérico.

«Ya sé que piensas que casi todo el trabajo está ya hecho, y que la parte que no se vé es pequeña. Pero, y aunque el cambio individual es el fundamento de todo, no es donde todo termina. Quizás sea el momento de sentar las bases para la próxima transformación»
Sandy Stone (1991), «El imperio contrataca: Un manifiesto post-transexual» 19

Tal vez estamos ante la más bella utopía que la humanidad ha podido concebir: la posibilidad de darse forma (y destino) a sí misma. El cyborg olvida el pasado y construye el futuro. El cyborg -asociado inevitablemente a la representación de lo monstruoso, la construcción antinatural y liberada de la norma- es la encarnación de la diferencia. La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma: ¿podrá también liberarse en él el discurso de la diferencia?. Los cuerpos se transforman pero las ideologías se mantienen.
Los míticos replicantes de Blade Runner no podían escapar de sus códigos de identidad -Roy quiere prolongar la duración de su vida, y Rachel, la más humana de tod@s, llora al descubrir que su memoria y sus recuerdos no son más que un programa implantado. Los complejos mecanismos de la construcción de la subjetividad esconden en sus entrañas los impulsos del deseo, de la completud, y de la felicidad, en una maraña de contradicciones irresueltas. Y esa artificialidad de la identidad es común a cyborgs y humanos -¿Todavía podemos hablar de la diferencia?
La verdadera dificultad es la de asumir el reto de ir transformando roles, patrones de identidad y estereotipos de género. Está claro: no se trata de pensar lo transgenérico como un «lenguaje común», sino antes bien como «una poderosa e infiel heteroglosia» 20. El género se define como una construcción social y política, independiente de las mismas categorías de cuerpo y biología, y sus determinaciones. Pero el horizonte de lo transgenérico no puede nunca definirse como anulación de las diferencias, postulando un estado entrópico de androginia. Al contrario, imaginamos su posibilidad como una producción de género absolutamente diseminada: dibujando un mapa de coaliciones abiertas y ensamblajes de toda índole que impidan cualquier definición cerrada, cualquier distribución estable de la diferencia.
Asistimos a un movimiento imparable. Lento y difícil, porque todos los sistemas se resisten a su caída y se reestructuran sin cesar. Pero las aguas se desbordan constantemente en lo privado y en lo público, a pesar de dinámicas largamente consolidadas. Podemos incluso hablar de una batalla viral en todos los sistemas lingüísticos. Judith Butler insiste en la transformación a través de la performatividad, a través de los actos conscientes de ejercicio de la diferencia. Escribe: «El género no es algo escrito pasivamente en el cuerpo, no está determinado por la biología, el lenguaje, lo simbólico ni la historia triunfante de la dominación patriarcal. El género es siempre algo que se pone encima, que se añade, bajo tensión, diaria y constantemente, con ansiedad y placer; pero si este acto continuo es tomado equívocamente como algo dado, ya sea lingüístico o natural, entonces su potencia se limita a expandir corporalmente el campo cultural a través de actuaciones concretas» 21
Muchas -y muchos- trabajamos ahí. Los media de la cultura siguen importando sus códigos tradicionales -la publicidad, las películas, los juegos de consola. Sin embargo, las artistas, las teóricas, y en general las mujeres contemporáneas, reivindican su capacidad de elección. Desmitifican y desajustan los valores establecidos para los géneros. Disfrutan de sus propias palabras, de su propio placer. Luchan por la fractura de la práctica como acto consciente y como acto político.
Desde esta perspectiva, y en la medida en que una utopía es necesaria para dibujar un horizonte, la www es un espacio privilegiado para diseñar nuestro futuro. En la matriz digital el organismo cybernético tiene una posibilidad real de reescribir las relaciones estereotipadas de la identidad, el género y la sexualidad que permitan en un futuro reestructurar personas, derechos y responsabilidades.


Notas



1. VNS Matrix, (1991) «Manifiesto de la Zorra Mutante», en «estudios on line sobre arte y mujer», http://w3art.es/estudios

2. Sadie Plant (1997), Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura, Destino, Barcelona, 1998, pp. 174-175.

3. Donna J. Haraway (1984), «Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX», en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Cátedra, Madrid, 1991, p. 254.

4. Donna J. Haraway (1984), «Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX», Op. Cit., p. 255.

5. Allucquère Rosanne Stone, «Will the Real Body Please Stand Up?» en Michael Benedikt, Ed. Cyberspace. First Steps, MIT Press, 1992.

6. Sadie Plant (1997), Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura, Op. Cit., p. 19.

7. Faith Wilding and Critical Art Ensemble, "Notes on the Political Condition of Cyberfeminism" http://w3art. es/estudios

8. Critical Arts Ensemble, ¿Qué es postfeminismo?, http://w3art. es/estudios

9. Sadie Plant (1997), Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura, Op. Cit., p. 3.

10. Luce Irigaray (1977), Ce sex qui n’en est pas un, Minuit, Paris.

11. Sadie Plant, «Feminisations: Reflections on Women and Virtual Reality», en Lynn Hershman Leeson, Ed. Clicking In, Bay Press, 1996, p. 132.

12. Sadie Plant (1997), Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura, Op. Cit., p. 52.

13. Sojourner Truth (1881-1886), «Ain’t I a Woman?», Writing on the body. Female embodiment and Feminist Theory, edited by Katie Conboy, Nadia Medina, Sarah Stanbury, Columbia University Press, United States of America, 1997, p. 231.

14. Rosi Braidotti, Nomadic Subjects. Embodiment and Sexual Difference in Contemporary Feminist Theory, Columbia University Press, New York, 1994, p. 171.

15. Jacques Derrida (1972): Márgenes de la filosofía, Ed. Cátedra, Madrid, 1989, p. 371.

16. Sadie Plant, (1997), Ceros + Unos, Op. Cit., p. 18.

17. Theresa M. Senft, "Interpretar el cuerpo digital -una historia de fantasmas», http://w3art. es/estudios

18. Anne Balsamo, Technologies of the Gendered Body. Reading Cyborg Women, Duke University Press, United States of America, 1997, p. 34.

19. Sandy Stone (1991), «The Empire Stricks Back: A Posttransexual manifesto», Writing on the body. Female embodiment and Feminist Theory, edited by Katie Conboy, Nadia Medina, Sarah Stanbury, Op. Cit., p. 354.

20. Donna J. Haraway (1984), «Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX», Op. Cit., p. 311.

21. Judith Butler, «Performative Acts and Gender Constitution. An Essay in Phenomenology and Feminist Theory», Writing on the body, Op. Cit., p. 415.